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Suprimir el Consejo de Estado

Ahora que está abierta una reflexión profunda sobre cómo recortar aparato institucional superfluo, por aquello del ahorro de costes pero también por simplificar la administración y el gobierno del país, propongo que se suprima uno de los organismos más históricos y que, sin embargo, ha devenido en uno de los más inútiles en la práctica: el Consejo de Estado. Motivo de fondo: la ideologización del Consejo.

Me explican personas de dentro que su sistema de trabajo otorga en la práctica un poder omnímodo al presidente de cada sección (ocho secciones como mínimo, presididas por un consejero permanente), que por tanto suelen sacar adelante sus dictámenes sin grandes dificultades, cualquiera que sea su contenido.

Eso significa que, si al frente de una comisión existe un consejero/a cercano o incluso miembro de un determinado partido, sus informes irán exactamente en esa dirección política, sin que en la práctica encuentre la menor dificultad en verlo aprobado por el pleno.

Me citan, como ejemplo de dictámenes ‘ideológicos’, el que emitió respecto a la Ley de Igualdad del Gobierno Zapatero, avalando la supresión de los conciertos educativos a centros de educación separada; y, más recientemente, el referido a la LOMCE.

El informe sobre la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa ha sido percibido, y así titularon incluso algunos medios, como un auténtico “varapalo” al titular de Educación, José Ignacio Wert, y por tanto al Gobierno. Entre otros, uno de los puntos relevantes es la petición de que no desaparezca la ‘zapateril’ asignatura llamada Educación para la Ciudadanía.

¿Qué ha pasado en este último caso? Pues que el dictamen lo ha realizado la sección séptima del Consejo de Estado, y que tal sección está presidida por… María Teresa Fernández de la Vega, ex vicepresidenta del Gobierno con Zapatero y destacada militante socialista, que ahora ha hecho honor a su trayectoria y principios. Por cierto que a tal sección, a la que debido a  una vacante por fallecimiento, corresponden los asuntos relativos a educación y sanidad. Nada menos.

El Consejo de Estado es en la práctica lo que suele llamarse un ‘cementerio de elefantes’, un lugar donde aparcar políticos destacados a los que se quiere dar una jubilación de oro (el sueldo es de 70.000 euros al año, compatible con otras retribuciones oficiales). Mucho más ‘cementerio’ aún cuando los ex presidentes del Gobierno tienen derecho a convertirse en consejeros vitalicios (con tratamiento de ‘excelencia’), como ha ocurrido con José Luis Rodríguez Zapatero (aunque ni José María Aznar ni Felipe González se han acogido a ese derecho). Pienso que, si no tienen dónde colocarles, siempre podrían nombrarlos senadores vitalicios, como ocurre en Italia. Por cierto que ahora acaba de ingresar en el Consejo de Estado el ex jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza.

Si en el Consejo campan libremente los políticos, si sus dictámenes se acomodan a la ideología de quien controla cada sección, entonces la utilidad de esos informes es cero. Porque, para batallas políticas y partidistas, nos basta y sobra con el Congreso y el Senado.

El Consejo es una de las instituciones más antiguas de España, hasta el punto de que sus antecedentes podrían llegar hasta la monarquía visigoda. Carlos I suprimió los distintos consejos reales, sustituyéndolo por uno solo, el Consejo de Estado, nombre que, salvo en algunos períodos muy cortos en los que se denominó Consejo Real, ha mantenido hasta hoy.

Puede entenderse que en el pasado los monarcas necesitaran un consejo. Pero en estos tiempos el Gobierno, las cámaras legislativas, los tribunales, los órganos territoriales y locales, disponen de cuerpos propios de técnicos y de letrados, y por tanto el Consejo de Estado, además de una reliquia, es un lujo.

Si, además de ser solamente un órgano consultivo, meramente aconsejador, y sus dictámenes no son vinculantes, encima actúa políticamente…

El Consejo de Estado tiene un presupuesto de casi 11 millones de euros, de los que el 77 por ciento se destina a gastos de personal. Once millones que ahorraríamos, además de evitar que perdamos el tiempo.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

 

 

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José Apezarena

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