Martes 16/01/2018. Actualizado 01:00h

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¡¡Van a enseñarles a rezar!!

Se están escuchando estos días algunas voces, en tono bastante escandalizado, que se dedican a denunciar algo que consideran intolerable, inadmisible, inaceptable, poco menos que una agresión al resto de la ciudadanía: en las clases de religión que se impartirán a partir de ahora se enseñará a los alumnos… ¡¡a rezar!!

¿Dónde se ha visto tamaña osadía, atrevimiento semejante, ataque mayor, insulto al sentido común, desafío contra la normal convivencia…?

Como digo, vistos los tonos, las expresiones y los calificativos, tal semejaría que denuncian poco menos que un grave atentado contra la humanidad en su conjunto.

Y, sin embargo, si nos paramos a reflexionar unos instantes, si miramos la cuestión sin excesos, sin visceralidades, y sobre todo sin prejuicios antiguos y trasnochados, considero que enseñar a los niños a rezar en las clases de religión tiene todo el sentido del mundo.

Es que son… clases de religión. No de otra cosa. ¿Y qué hay más sensato y lógico que, además de otros conocimientos, se les instruya en la oración? Si la asignatura fuera, por ejemplo, matemáticas, tendrían que enseñarles la suma, la resta, la multiplicación y la división, y no hacerlo resultaría, además de estrambótico, una engañifa y una estafa.

Por otro lado, estamos hablando de una materia voluntaria, no obligatoria, que los padres piden libremente para sus hijos y solamente para ellos. No para el resto de la comunidad escolar, que por tanto no puede sentirse ni excluida ni desplazada, pero menos aún agredida.

No me dejo de sorprender al comprobar, y ahora lo encuentro de nuevo, cómo, en determinados grupos, se esconde una peligrosa falta de respeto a la libertad de los demás, a las elecciones de los otros, cuando esas opciones no coinciden con las de dichos colectivos. Quizá sea reflejo de un inconfeso miedo a la libertad, cuando no de una tentación totalitaria.

Porque, ¿en qué se les ofende, si resulta que hay familias que desean para sus hijos formación religiosa? ¿Qué es lo que les molesta, en qué se les perjudica? Deberían dejar en paz a los que eligen tales opciones, por el mismo motivo que esos intolerantes reclaman para sí que a ellos les permitan seguir sus propios designios.

Pero es que, además, tengo el convencimiento de que una de las dimensiones que más elevan al hombre es la apertura a la divinidad, el descubrimiento de lo sobrenatural. Algo que, evidentemente, está vedado a los animales. Los animales no rezan.

Pienso que una de las actividades más nobles de los humanos es precisamente la oración, que les confirma y acredita como seres inteligentes y libres.

Detrás de algunos de los personajes más admirados por la humanidad se esconde un dato: fueron personas que precisamente en la oración encontraron la fuerza que les llevó a convertirse en auténticos titanes. No hace falta citar nombres que están en la cabeza de todos.

Así pues, pocas cosas más importantes pueden adquirir los alumnos de la clase de religión que aprender a rezar.

Dicho todo lo cual, mi máximo respeto a los padres y familias que no quieren la asignatura de religión, ni que sus niños aprendan oraciones. Tienen todo el derecho del mundo. Y, si hiciera falta, les defenderé donde resulte oportuno.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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