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La amenaza Pedro Sánchez

Emociones y lágrimas de despedida al margen, por otro lado bastante sorprendentes en él, Pedro Sánchez abandona el Congreso de los Diputados, además de la secretaría general, para ponerse manos a la obra en la gran operación que está dispuesto a protagonizar, y que, si le sale, cambiará la vida del PSOE y hasta puede condicionar la del país en su conjunto.

¿Qué se ha propuesto el descabalgado dirigente socialista? ¿A qué se va a dedicar a partir de ahora, cuando se ha quedado sin trabajo?

A algo que ya puso en práctica, con éxito, allá por los años 2013 y 2014, cuando, por su cuenta, se dedicó a recorrer España en coche, pueblo a pueblo, agrupación socialista a agrupación socialista, para darse a conocer y, sobre todo, preparar la elección de secretario general que se iba a realizar con los votos de los afiliados.

Aquel 14 de julio de 2014, Pedro Sánchez derrotó al candidato “oficialista”, Eduardo Madina, con el 49% de los votos de la militancia (casi 63.000 sufragios), frente al 36,1% de su rival, y el 15,1 del representante de Izquierda Socialista.

Hay que recordar, no obstante, que en esa victoria tuvo mucho que ver el apoyo que le prestó entonces Susana Díaz, enemistada con Madina por no haber aceptado echarse a un lado (Pedro Sánchez sí estaba dispuesto) para que la andaluza pudiera presentarse sin ningún rival y resultara elegida sin votación.

Sánchez pretende repetir la jugada, recorriendo otra vez la geografía española. Pero ahora ya no es un desconocido de los afiliados, como ocurría entonces. Todo lo contrario. Es el dirigente socialista que más ha cortejado a los militantes, el que ha repetido que ellos deben tener la voz soberana, frente a las decisiones que han ido tomando los órganos del partido, especialmente la gestora y el Comité Federal.

Un porcentaje relevante del socialismo de base se muestra descontento con el hecho de que no se haya contado con ellos, estas últimas semanas, en decisiones tan dramáticas como la abstención o el voto no a la investidura de Rajoy. Ahí están esas 93.000 firmas recogidas, que todavía no han sido presentadas a la gestora, con la voz de las bases.

Es inevitable que el PSOE, más tarde o más temprano, acabe celebrando un congreso extraordinario para elegir nuevo secretario general. Y que voten los militantes. Pedro Sánchez está decidido a presentarse. Si el periplo nacional que inicia la sale bien, va ser muy difícil evitar su victoria.

Entonces, no solamente ocurrirá que el cesado secretario general recuperará el poder. Es que además habrá cambiado definitivamente el modo de dirigir el PSOE practicado hasta aquí. La voz, la decisión en los grandes asuntos, corresponderá a las bases del partido. Y eso, en cuestiones de Estado, puede convertirse en un problema grave.

Recordando la lista de “cambiazos” del PSOE enumerada por Antonio Hernando,  ninguno de ellos habría sido posible si la decisión última hubiera correspondido a las bases del partido. Ninguno.

Y ¿que habría ocurrido si Zapatero hubiera consultado a los militantes la reforma del artículo 135 de la Constitución?

La respuesta a esta pregunta proporciona una idea clara del camino que empieza a recorrer Pedro Sánchez. Y de las consecuencias.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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