Lunes 20/11/2017. Actualizado 08:58h

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No hay bemoles

Hoy está convocada en España una huelga general, de resultados inciertos porque la capacidad de movilización de los sindicatos se encuentra muy mermada, y porque el país no está para bromas de ningún tipo. Y a tantísimos ciudadanos ya no les faltaba más que ver reducida su nómina de noviembre con el descuento de un día de trabajo, por sumarse al paro.

La huelga ha sido y es una evidente conquista social, un resorte para que los trabajadores defiendan sus derechos laborales y económicos. Para enfrentarse, en su caso, a empresas y empresarios. Digo bien, a empresas y empresarios. No a los Gobiernos.

La huelga general se entiende con dificultad en estos momentos de la historia, porque consiste en utilizar un mecanismo laboral, el paro de la actividad económica, con una finalidad directamente política: criticar y, en lo posible, erosionar al Gobierno. Lo cual es, evidentemente, un objetivo político. Un designio en el que, pienso yo, no tendrían que verse los sindicatos, que se crearon y existen para otra cosa bien distinta.

El éxito de este 14 N, como en las ocasiones precedentes, va a jugarse en función de la actividad de los piquetes. Unos llamados ‘piquete informativos’, cuya existencia y cometido tendrían que verse prohibidos en estos tiempos, porque tal supuesta finalidad, informar, se halla sobradamente cubierta por los medios de comunicación social, tan abundantes y al alcance de todos. Por ello, no tiene mucho sentido permitir la movilización de sindicalistas por las calles… para informar de lo que todo el mundo conoce: que hay una huelga.

La regulación (y en su caso prohibición) de la huelga general, la actuación de los piquetes, junto con el deber de garantizar sin resquicios el otro derecho confluyente, es decir, el derecho a trabajar, además de la financiación de los sindicatos, son cuestiones que tendrían que verse contempladas en una nueva ley de huelga, tantas veces reclamada, incluso anunciada, pero nunca abordada y aprobada.

Hace falta un valiente que se atreva a plantear esa ley de huelga acomodada a nuestros tiempos, al siglo XXI. Pero mucho me temo que, como diría el castizo, no hay bemoles.

 

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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