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Soy un corrupto… pero quiero seguir siendo candidato

La famosa era de la post verdad, en la que dicen que nos encontramos, presenta, entre otros síntomas, el escándalo de que la mentira apenas merece penalización social: los ciudadanos no solamente no lo castigan, sino que ni lo tienen en cuenta. Tampoco cuando se trata de los políticos.

En Gran Bretaña, Farage, líder de UKIP, el partido que proponía el Brexit (y triunfó) admitió posteriormente que durante la campaña no había dicho la verdad cuando aseguró que, si abandonaba Europa, Gran Bretaña dispondría de 350 millones de libras más para su sistema sanitario. No era verdad, lo reconoció, pero, pese a estas declaraciones, no ha pasado nada: sigue ahí.

Boris Johnson, ministro de Exteriores, favorable al Brexit preparó dos discursos. Uno a favor de continuar en la Unión Europea y otro en contra. En el primero utilizaba tres contundentes argumentos: si ganaba el sí al Brexit, habría un shock económico en Gran Bretaña, favorecería la independencia de Escocia, y serviría para envalentonar a Putin. Pero finalmente él apoyó el Brexit.

Durante la campaña presidencial, en Estados Unidos se puso en marcha una plataforma de control sobre lo que decían los contendientes, que detectó más de 200 afirmaciones falsas de Trump y 74 de Clinton. Un seguimiento a Trump durante una semana concluyó que decía algo falso cada 3 minutos y 25 segundos de discurso. Y ganó. Por si faltara algo, ahora se desdice de no pocas de sus promesas: por ejemplo, la de meter en la cárcel a Hillary Clinton.

Viniendo a España, una de las vergüenzas que este país ha mostrado en estos últimos años es la realidad de que personajes investigados por corrupción, e incluso con sentencia condenatoria, han seguido siendo candidatos en unas elecciones, se han visto votados, y, lo que es mucho peor, hasta han resultado elegidos.

Es decir, que la condición de corrupto no constituye óbice para seguir presente y activo en la vida pública. Algo bastante penoso, la verdad. Que avergüenza.

Y tampoco es problema haberse comprometido a abandonar el cargo si uno era investigado judicialmente, y no cumplirlo cuando un juzgado lo investiga en efecto, como acaba de ocurrir en Murcia.

Aunque no se trata de algo sólo hispano. François Fillon, candidato de la derecha en Francia, se ha visto inculpado por un delito de extorsión de fondos al Estado, al haber contratado como asistentes parlamentarios a su mujer y otros familiares cuando en realidad no realizaron esa función, y sin embargo mantiene la candidatura.

Ayer convocó en París, en Trocadero, una manifestación de apoyo en la que de nuevo insistió en que continuaba en la carrera presidencial.

O sea que quiere seguir siendo candidato a pesar de la investigación judicial. Sorprendente. Y bastante penoso.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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