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Cómo destruir el PP

La historia política reciente de España relata uno de los episodios más traumáticos y sorprendentes, casi de récord político, como fue el final desastroso de la UCD, el partido que se llamó Unión de Centro Democrático.

Aquella formación, creada por el joven presidente Adolfo Suárez para concurrir a las primeras elecciones democráticas, de junio de 1977, ganó esos comicios, lo volvió a hacer una segunda vez, gobernó durante cinco años, pero en las generales de 1982 pasó, de detentar el Gobierno, a convertirse prácticamente en extraparlamentario. Poco después, la UCD se disolvía.

El proceso de demolición del partido centrista figura ampliamente relatado en los libros y en los periódicos de la época. Y, como digo, constituye casi un record mundial, tan formidable y rápido resultó el derrumbe: de gobernar a la desaparición.

Me viene a la memoria aquel proceso mirando a lo que ocurre al Partido Popular en la Comunidad Valenciana.

Si, al final del franquismo, aquella parte de España fue mayoritariamente de izquierdas, sin embargo poco después se convirtió en uno de los territorios donde el voto al Partido Popular resultaba más firme, convirtiéndose en auténtico ‘granero’ electoral para las generales.

El PP ha gobernado allí de manera casi absoluta, a nivel regional, en las diputaciones, en las capitales, en los núcleos de población más importantes…

Todo eso corre hoy peligro cierto de derrumbarse con estrépito. Los avatares que ha sufrido el Partido Popular, la suma de errores cometidos a los distintos niveles, la corrupción casi general, la pésima gestión política, el haber colocado en bancarrota económica aquella tierra, la evidencia de unos líderes incapaces (y en no pocos casos indignos)… todo eso acumulado parece abocar al PP a una dura derrota en las próximas elecciones municipales y autonómicas, y, en consecuencia, a la pérdida del poder en la mayoría de las instancias.

Las cosas andan de tal guisa que Rajoy prácticamente ha descartado a Alberto Fabra como candidato, pero no encuentra a quién colocar al frente del partido y como cabeza de lista en las autonómicas, lo cual no deja de ser patético.

Se anuncia un derrumbe de magnitudes tales que, por eso mismo, trae a la memoria la debacle de aquella UCD creada por Adolfo Suárez.

¿Cuáles son las causas profundas de ese cataclismo? En mi opinión, dos sobre todo. La primera, y más evidente, la plaga de la corrupción, que ha minado al PP en casi todos los niveles, desde lo autonómico hasta la política local. La segunda, y con mayor responsabilidad para Mariano Rajoy y su equipo, una dirección nacional del partido incapaz, pasiva, ciega, que no ha sabido, o no ha querido, poner remedios drásticos cuando todavía existía tiempo y crédito para ello.

Y, ojo. Un retroceso claro del Partido Popular en tierras valencianas pone seriamente en cuestión la posibilidad de ganar las elecciones generales de finales de 2015 o principios de 2016. Y, con ello, de seguir en La Moncloa. Pero se lo habrán ganado con creces.

 

 


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José Apezarena

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