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¿Qué hay detrás de Albert Rivera?

La euforia que existe ahora dentro de Ciudadanos tiene motivo, sin duda. El magnífico resultado conseguido en las elecciones catalanas lo justifica.

Aunque finalmente no podrán gobernar, sin embargo, haberse convertido en el partido más votado en Cataluña, siendo como son una formación no nacionalista, constituye un hito histórico. Que será recordado.

La gran pregunta ahora se resume en saber si el balance del 21-D será trasladable a las próximas elecciones generales, y en qué medida. Porque no faltan quienes apuestan incluso por un ‘sorpasso’ de Ciudadanos sobre el Partido Popular, al que arrebataría el liderazgo de la derecha y el centro derecha.

En mi opinión, esto último son palabras mayores. También porque el éxito conseguido en Cataluña tiene mucho que ver con una situación singular, casi extrema, provocada por unos desafíos separatistas que llegaron a proclamar la independencia y la creación de una república catalana. Y tal ambiente radicalizado, esa psicosis colectiva, ha marcado el voto que llegó a las urnas.

Esa situación previsiblemente cambiará, se calmará, se normalizará. Y, en un país algo más tranquilo, sin excesos ni nerviosismos, cuando desaparezca el “síndrome catalán”, ¿se repetirán las pautas de voto que hemos visto en diciembre? Puede deducirse que no. Y menos aún fuera de Cataluña.

Ciudadanos, y, con el partido, su líder, Albert Rivera, sigue siendo una incógnita. Principalmente porque no han gobernado. No han superado, a ningún nivel, la prueba de fuego de asumir la gestión de los intereses públicos, y de hacerlo eficazmente. Con un agravante: que la mayoría de sus actuales líderes acumulan escasa o nula experiencia en tales cometidos. Lo que, como digo, arroja interrogantes acerca de sus habilidades reales para llevar este país.

Ciudadanos, y por supuesto su líder, pueden vanagloriarse de una elevada capacidad de presencia y de impacto en la opinión pública. Son altamente eficaces en la comunicación, pero sobre todo en la imagen. Hay mucho de marketing en algunas de sus actuaciones y posiciones. Incluso en las personas. Y hacen bien.

Esas preguntas de fondo afectan sobre todo a Albert Rivera, por historia, formación y currículo profesional. Una persona, por ejemplo, que, a pesar del halo que le rodeaba como campeón de debate universitario, ha fallado en los grandes debates electorales y políticos que ha protagonizado. En ninguno ha quedado ganador, y en alguno ni siquiera segundo.

Aparte de su juventud, y por tanto del impacto que causa en los nuevos votantes; además de una evidente fotogenia, junto con cierta habilidad para aprovechar pequeñas coyunturas políticas y para crear eslóganes y mensajes eficaces, ¿cuál es la cualificación de Albert Rivera?

Evidentemente, todo líder nuevo, que acaba de llegar, constituye una incógnita. Pero en su caso, tras la sorpresa inicial y un eficaz manejo de la imagen, el presidente de Ciudadanos no termina de cuajar.

Sé que el ejemplo no es precisamente el mejor del mundo, pero me remito al programa de fin de año protagonizado en TVE por José Mota, en el que imitó y caricaturizó a los cuatro principales políticos del país. Uno de los que tenía perfil más plano, más desdibujado, que resultaba menos identificable, fue (por cierto, junto a Pedro Sánchez) precisamente Albert Rivera.

Puede contestárseme que se trata de un problema del humorista. Puede ser. Pero a lo mejor también tiene que ver con esa falta de perfil claro, o de personalidad asentada, del presidente de Ciudadanos. Algo que, de aquí a las generales, imagino que será remediable. Imagino.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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