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Si no me empatizas no te voto

Desde su atalaya de viejo y baqueteado político, Felipe González protagoniza de vez en cuando actuaciones y gestos que denotan que no ha perdido ni el instinto ni la inteligencia.

Ahí está, por ejemplo, el arranque de asumir la defensa de los opositores venezolanos Antonio Ledezma (alcalde de Caracas) y Leopoldo Gómez. El anuncio se convirtió en un aldabonazo para la comunidad internacional, a pesar de que le haya traído la consecuencia personal de verse calificado de lobista, payaso y otras lindezas semejantes por parte de Maduro y sus voceros.

Hace unos días, durante una entrevista radiofónica, el ex presidente del Gobierno analizó el momento político y afirmó que hemos entrado en una nueva época, muy distinta, con parámetros, comportamientos y perspectivas diversas a lo conocido hasta ahora. En España, pero también a nivel global.

Una de sus conclusiones es que hoy se atribuye una inmensa importancia a las empatías. Es decir, a conexiones íntima, intuiciones inmateriales, pulsiones y sentimientos.

En efecto, todo indica que hoy los ciudadanos se fijan menos en razonamientos, propuestas y programas, y más en la condición personal de líderes y candidatos, en su carácter, actitudes, formas externas, sentires, y hasta modos de vestir aunque parezca extraño.

Si empatizan con ellos, gracias a factores y parámetros como los apuntados, entonces se ponen a su lado, les escuchan, les siguen y les votan. Y si no, tienden a pasar de esos otros personajes.

Algunos resultados electorales de estos últimos meses, y las profundas novedades en el panorama de los partidos españoles, tienen mucho que ver con esa deriva que apuntó Felipe González.

Deberían tomar nota de estas circunstancias no pocos de los actuales políticos que podríamos clasificar como 'tradicionales', para entender alejamientos y llamativas pérdidas de voto. Uno de ellos, sin duda, Mariano Rajoy. Y también su formación, el Partido Popular.

Ya no basta con ser eficaces y buenos gestores. No es suficiente con encauzar la dramática situación económica del país. No basta con anunciar que estamos en el final de la crisis aunque sea verdad. No convence el argumento de que "nosotros somos fiables", ni el de "garantizamos la estabilidad del país".

Numerosos analistas y opinadores han achacado a los populares, y a sus principales líderes, una clara incapacidad de empatizar con la ciudadanía, fundamentado en detalles de insensibilidad hacia los problemas de la gente de a pie. Aunque en ocasiones han sido un problema de formas, y más aparentes que reales, sin embargo han sido percibidos como desapego e indiferencia.

Mariano Rajoy, su partido, sus líderes, han de incorporar a su imagen y comportamientos elementos de cercanía, de proximidad, de sintonía vital. Bajar del pedestal y tocar tierra, mezclarse con la gente de una forma sincera, si es que son capaces de ello.

Si no, si no empatizan, no tendrán el voto. Son los nuevos tiempos.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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