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Sin extrema derecha en España en al menos diez o quince años

Un escalofrío de temor recorre el corazón y la cabeza de buen número de franceses, ante la posibilidad de que este domingo pudiera ganar las elecciones a la presidencia de la República la candidata de un partido de extrema derecha, una formación que se alimenta de los temores, el populismo y la xenofobia, como grandes líneas ideológicas,

Desde Francia, donde los ciudadanos van a tener la posibilidad de votar a la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, se preguntan por qué en España no tenemos extrema derecha, como sí existe en muchos de nuestros vecinos europeos.

Le Monde se lo planteó estos días atrás, en un análisis titulado “La excepción española”, con la firma de Isabelle Piquer.

Ningún partido populista ni xenófobo se ha asentado al otro lado de los Pirineos, a pesar de la recesión, el rechazo a los partidos tradicionales y la llegada de emigrantes. ¿Por qué?, se pregunta Piquer.

Crisis económica, crisis de las instituciones, paro exponencial, escándalos de corrupción, entrada masiva de emigrantes: todos los ingredientes que han provocado populismos de extrema derecha en Europa tendrían que haber asolado España, como ha ocurrido con sus vecinos. Y, sin embargo, el país ha escapado de ese fenómeno.

Alude a Vox, un partido que quiere defender la “civilización occidental contra la amenaza fundamentalista”, diciendo que su presidente, Santiago Abascal, mira con envidia los resultados de Marine Le Pen. Según Abascal, hoy su único objetivo es “sobrevivir” hasta las elecciones europeas de 2019. Vox, el más importante de los grupúsculos de extrema derecha, no recibió más que un 0,2% en las generales de 2016. Abascal reconoce que su partido no acaba de beneficiarse del “sentimiento de alienación” que existe en España: las víctimas de la crisis, que podrían ser votantes suyos, “no nos votan”, resume.

¿Por qué esa diferencia con Francia? La explicación inmediata de los intelectuales es la historia: el franquismo, que aún no ha desaparecido de la memoria. La dictadura es todavía reciente, y la mitad de los españoles han vivido bajo el régimen de Franco, explica en el artículo Carmen González Enríquez, investigadora del Real Instituto Elcano, que acaba de publicar un informe sobre “la excepción española”. El periodo 1939-1975 ha, de alguna manera, vacunado el país frente al nacionalismo extremo y la xenofobia.

De la dictadura solo han quedado un muy pequeño número de nostálgicos; el resto han recalado en la derecha tradicional. El Partido Popular ha jugado un papel amortiguador, absorbiendo un amplia gama de sensibilidades políticas, desde ultra reaccionarios a centristas. El PP “ha tenido bajo control a la extrema derecha”, según el historiador Xavier Casals, especializado en movimientos extremistas. Incluso el ala más dura es refractaria a la xenofobia, una posición “contraria a la cultura política de la derecha de España, que está marcada por el catolicismo”.

Respecto a la xenofobia, en España (un país tensionado por disputas regionales) la ausencia de una clara identidad nacional dificulta más que en otros países la opción del rechazo al otro. “Sin una identidad común, es difícil justificar una exclusión basada en el hecho de ser diferentes”, dice Carmen González  Enríquez. Por eso, el debate sobre la emigración no figura entre las principales preocupaciones de los españoles. Según el CIS, el paro se sitúa en primera posición (más del 18%), seguido por la corrupción, mientras que la inmigración aparece en los últimos lugares.

La mayor parte de los emigrantes llegaron entre 2000 y 2009, años en los que España recibió la mitad de los que entraron en Europa. Hoy los extranjeros son 4,5 millones, algo menos del 10% de la población, y en su mayoría son rumanos, marroquíes y latinoamericanos, que han sido bien absorbidos. Según un informe del think tank americano Migration Policy Institute de 2013, la política del Estado español ha sido abierta, partidaria de la integración, y más dedicada a desarrollar vías legales de inmigración legal que a limitar los flujos.

Ha habido incidentes con inmigrantes, pero han sido hechos aislados. “Los inmigrantes están muy dispersos y las cuestiones se resuelven a nivel local”, explica Ignacio Cembrero, autor del libro “La España de Alá”, sobre la inmigración musulmana. En España, la inmigración está fuera del debate político. “Existe un consenso entre las principales fuerzas para no discutir y para apagar cualquier movimiento antiinmigrantes”, dice Carmen González Enríquez. “No es autocensura, pero todos los partidos han preferido mantenerse políticamente correctos”.

Afirma la autora del análisis que, cuando los españoles han querido expresar su malestar por la crisis, no se han vuelto hacia los partidos de extrema derecha. Han preferido dos recién llegados: “la formación antiausteridad Podemos”, y en menor medida “los centristas de Ciudadanos”.

La cólera no se ha expresado como en otros lugares de Europa, explica Jorge Galindo, que añade que Pablo Iglesias ha afirmado que él ha desmontado la extrema derecha. “Es verdad, en la medida en que él ha sabido responder al descontento y al impulso de cambiar el sistema”.

¿Está vacunada España contra el populismo y la xenofobia? Carmen González Enríquez se muestra bastante optimista: “Siempre es arriesgado hacer pronósticos, pero en el horizonte de diez a quince años no creo que se puede temer un ascenso de la extrema derecha”.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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