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Un favor a Urdangarín pero no a la monarquía

Cuando se conoció que la fiscalía de Palma iba a pedir a Iñaki Urdangarín una fianza de 200.000 euros, como condición para eludir el ingreso inmediato en prisión, confieso que me pareció una cantidad bastante asequible para él, dadas sus circunstancias personales y familiares.

Yo había llegado a calcular por mi cuenta (sin tener datos, era una intuición) que la cifra exigida podría situarse en el entorno del millón de euros. Algo bastante más exigente, que visualizaría lo serio que se tomaban los jueces la situación y condición del marido de la infanta Cristina, y también que no había con él complacencia especial alguna. Así que esos 200.000 se me antojaron muy cortos.

Por supuesto que pienso que no existía razón alguna para un ingreso preventivo, porque las condiciones requeridas, riesgo de fuga, de destrucción de pruebas o de reiteración del delito, no se dan. Pero tampoco me parecía mal que se fijara una fianza, teniendo en cuenta, además, que en realidad no hay que abonarla en efectivo sino que basta con presentar un aval bancario. Y que en su día formará parte de la cantidad a resarcir.

Al final, la decisión de la Audiencia de Palma ha sido que no necesita pagar fianza alguna por continuar en libertad, y que podrá seguir manejando el pasaporte (a Diego Torres se lo han retirado), habida cuenta de que tiene fijada su residencia fuera de España, en Suiza.

Si los 200.000 euros ya los consideraba escasos, la no fianza me ha parecido mucho menos apropiado.

Desde luego, la decisión de los jueces representa un alivio para Iñaki Urdangarín, incluso un cierto favor personal, acordado, por supuesto, ajustándose a las normas de derecho y a la práctica común habitual. Pero no es ningún favor a la monarquía. Al contrario.

La sentencia absolutoria de la infanta Cristina ha desatado (era inevitable seguramente) una ola de críticas y comentarios negativos, en la línea de denunciar trato privilegiado a la hermana del rey, falta de imparcialidad de la justicia, incluso presiones para provocar ese fallo. Y la monarquía ha aparecido por medio. Vapuleada. Injustamente, creo yo, pero vapuleada.

Ahora, el destino inmediato de Iñaki Urdangarín, fuera de prisión sin fianza alguna, algo que, evidentemente, le ha beneficiado, no es tampoco ningún favor a la monarquía. Casi al contrario.

Y el caso aún no ha quedado cerrado del todo. Falta aún mucho trecho, y mucho que penar.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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José Apezarena

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