Miércoles 13/12/2017. Actualizado 13:35h

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El final político de Alberto Ruiz Gallardón

Más de uno hemos escuchado a Alberto Ruiz Gallardón afirmar que su vida política terminará el mismo día que la de Mariano Rajoy. Es decir, que, cuando el actual presidente del Gobierno abandone, él también se irá a su casa.

A la vista de la apasionada vocación política del todavía ministro de Justicia, he de reconocer que nunca acabé de creerme esas afirmaciones tan rotundas.

Ahora, el devenir político de Alberto Ruiz Gallardón atraviesa una coyuntura especialmente difícil, a propósito del bloqueo definitivo a la reforma de la ley del aborto de Zapatero.

El titular de Justicia planteó desde el primer minuto que tal objetivo era uno de los puntos fuertes de su gestión, se ha fajado en el Congreso de los Diputados en defensa de la ley, ha soportado no pocos editoriales críticos en periódicos que antaño le apoyaban, la planteó en un Consejo de Ministros como borrador y obtuvo el visto bueno de sus compañeros de Gabinete, ha escuchado después las propuestas de reforma procedentes de su propio partido, se ha metido en la tarea de cambiarla, se ha puesto colorado unas cuantas veces al tener que anunciar nuevos retrasos de la presentación... y todo para nada, porque la reforma ha entrado en dique seco.

Con ello, no queda muy bien Alberto Ruiz Gallardón. Y tampoco, por supuesto, un Mariano Rajoy que una vez más hace gala de ese carácter blando y dubitativo del que tantos le acusan.

Quieren echar la culpa a las encuestas. Se afirma que concluyen que la reforma de la ley del aborto puede quitar votos en las próximas elecciones. Me gustaría verlas para comprobarlo. Porque tengo para mí que, al contrario, el anuncio de que el PP se desdice, incumpliendo así otro punto más del programa electoral, y no menor, le va a quitar muchos apoyos. Seguramente más de lo que reflejan esas supuestas encuestas que hablan de pérdidas. Al tiempo.

Ahora, el ministro de Justicia queda en la cuerda floja. Él es un político de raza, y ese tipo de personas conjuga con dificultad el verbo dimitir. Si se va, quedará marcado en su propio partido. Pero, si se queda, se mostrará inconsecuente consigo mismo y como una persona que traga todo con tal de continuar en el machito. Además de renunciar a la memoria de su padre.

Si se marcha, tal vez tenga un nueva oportunidad política en el futuro, convirtiéndose en alternativa a los actuales dirigentes de un PP que mira hacia otro lado cuando se trata de reformar el aborto y de cumplir con ello una promesa a los electores. El problema es que se trata de un "tal vez".

Alfredo Pérez Rubalcaba ha vuelto a la Universidad, a las clases de Química. Alberto Ruiz Gallardón también tendría una salida sencilla a corto plazo: es fiscal por oposición.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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