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El horizonte penal de la infanta Cristina

La lectura del escrito de acusación del fiscal Pedro Horrach sobre el caso Urdangarín resulta altamente interesante en lo que se refiere a la infanta Cristina, para la que solicita el archivo.

No se trata de un texto cualquiera puesto que, como resulta sabido, Horrach es la persona que mejor conoce el sumario, ya que ha estado directamente detrás de la instrucción, muy por delante del papel del juez Castro.

En síntesis, el fiscal afirma en su escrito que se pretende imputar a la infanta en base a una mera sospecha, con lo que se produciría indefensión y ella se vería tratada de manera desigual.

Especialmente duro se muestra con el auto de la Audiencia de Palma, que decidió la imputación por considerarla beneficiaria "a título lucrativo". Argumenta que el tribunal se ha apoyado en un mero "pudo saber", con lo que invierte la carga de la prueba y pervierte así el principio de presunción de inocencia.

Horrach afirma que la Audiencia pasó, sin más, del “desconocimiento” de la infanta al “debería saber”, y del “no tenía por qué conocer” al “pudo conocer”. Y a partir de ahí decidió la imputación.

Cristina ha notificado su decisión de pagar cuanto ante los casi 600.000 euros reclamados, como beneficiaria "a título lucrativo" por los delitos imputados a su marido, y a continuación sus abogados pedirán el archivo. Por cierto, que esa iniciativa de abonar el dinero perjudica a Urdangarín porque, al hacerlo, admite que existió el delito, algo que no beneficiará precisamente a su marido.

El horizonte penal de la infanta parece excluir que llegue a sentarse en el banquillo de los acusados, pero no descarta del todo que deba comparecer como testigo en el juicio. Y esa imagen, la escena de Cristina de Borbón ante el tribunal, dará, sin duda, la vuelta al mundo y llenará portadas. Con razón: no es frecuente ver a un miembro de la realeza, hija de rey abdicado y hermana de soberano reinante, en trance parecido.

Si finalmente ocurre, quizá pueda ser llegado el momento en que la infanta se plantee renunciar a sus derechos a la corona de España. Si, con todo lo que acaecido hasta aquí, no lo ha decidido, es de suponer que estos últimos acontecimientos tampoco modificarán su voluntad. Solamente la tremenda perspectiva de verse en una sala de juicios, de esas imágenes, y del daño que causarán a la monarquía y al nuevo rey, podrían llevarle a rectificar.

Una última reflexión. El profundo cambio sobrevenido con la abdicación de don Juan Carlos y la proclamación de Felipe VI, rebajará no poco el choque de ver a Cristina ante los jueces. Porque ya no se tratará de un miembro de la Familia Real. Y eso rebajará el impacto. Ese cambio podría parecer una pequeñez, pero en estos terrenos los matices se convierten en muy importantes.


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José Apezarena

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