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La libertad de expresión del cardenal Rouco

La que se ha armado, política y mediáticamente, con las palabras del cardenal Antonio María Rouco pidiendo al Gobierno que modifique cuanto antes la legislación sobre las uniones homosexuales y que cumpla su promesa electoral de garantizar una protección eficaz del derecho a la vida.

De forma rápida, voy a intentar resumir el tratamiento que se ha dado a ese discurso, pronunciado al inicio del pleno de la Conferencia Episcopal. Empezaré por algunos titulares de medios informativos:

-“Rouco le pone ‘deberes’ a Rajoy”. (El Mundo).

-“Rouco regaña al PP por no derogar ya la ley del aborto”. (El Periódico).

-“Rouco quiere legislar para todos los españoles, creyentes o no, practicantes o no, por encima incluso del texto constitucional”. (Pepa Bueno, cadena SER).

-“Rouco se venga del Partido Popular estropeando la foto de Rajoy con el Papa”. (El Plural).

-“Órdagos desde el púlpito”. (Correo de Burgos).

Más contundente se mostró Miguel Ángel Aguilar, en su comentario en la SER. Dirigiéndose a Rouco, escribió: “Pareciera que más que un cardenal tuviéramos en Su Eminencia un tutor como si fuéramos menores de edad. ¿Distinguirá alguna vez las sanciones que puede imponer a sus fieles de las que han de figurar para todos en el Código Penal? Quédese con el infierno y déjenos en paz”.

Desde el ámbito político, portavoces del PSOE e Izquierda Unida salieron en tromba contra el cardenal de Madrid.

Joan Herrera, de ICV, reprochó a Rouco Varela que “le preocupe más el aborto y los matrimonios gays que la pobreza”, y le acusó de ser “el estandarte de la Iglesia más reaccionaria y alejada de la Iglesia de los pobres”.

Coscubiela, de Izquierda Plural, afirmó que, el que “en una sociedad un grupo religioso, por muy legítimo que sea, imponga su moral al conjunto de la sociedad retrotrae a ésta a la Edad Media (…). Es inconcebible que exista una especie de híbrido, que no se sabe si es religión o Estado, que le imponga a la sociedad española cosas tan laicas como el calendario laboral, su modelo educativo, su forma de subvención, sus pautas morales, sus leyes sobre aborto (…). Con el PP, España ha vuelto a la época en la que los Papas imponían, no sólo su poder religioso, sino su poder político”.

Y lluvia torrencial de críticas desde el ámbito socialista.

Dolores Padrón, presidenta del PSOE canario, acusó a Rouco de ser “un comisario político del PP”. Y lanzó la gran amenaza: “Si el PP continúa en la senda de reformar las leyes al dictado de la derecha más rancia, no dudaremos en apoyar que se replantee la reforma de los acuerdos con la Santa Sede”.

Sobre las uniones homosexuales, que ahora llaman “matrimonio igualitario”, Causapié, secretaria de igualdad del PSOE, afirmó que la Conferencia Episcopal “sigue actuando en contra de la igualdad, colocándose además en contra de las familias”.

Pero quien ha llevado principalmente la voz cantante ha sido la número dos, Elena Valenciano: “Los obispos y el PP se han vuelto a poner de acuerdo para cercenar la libertad de las mujeres. No es nada nuevo. Pero no toleraremos que nos impongan su moral”. Y repitió la amenaza: “Si el Gobierno va de la mano de los obispos para modificar la ley del aborto, exigiremos la denuncia de los acuerdos con la Santa Sede”.

Ni que decir tiene que yo respeto, aunque por supuesto no comparto, las opiniones de todos los que he citado. Sostengo que tienen derecho a manifestarlas. Del mismo modo que Antonio María Rouco, cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, tiene derecho a sus opiniones y creencias, y, faltaría más, a expresarlas en voz alta y con publicidad.

Rouco también tiene derecho a la libertad de expresión.

Eso no es tratar de ‘imponer’ nada. Primero, porque no tiene tal capacidad de imposición, y segundo porque no quiere. Es simplemente sostener las propias posiciones y, eso sí, demandar a quienes están en la misma línea, que las promuevan en la vida ciudadana, expresándose y defendiéndolas democráticamente.

Y si, por imaginar una situación no imposible, un día próximo la mayoría de los españoles coincidieran con Rouco, en la línea de modificar las normas sobre las uniones homosexuales (para que no se llamen matrimonio) y de garantizar al derecho a la vida del no nacido, esas posiciones deberán aparecer en las leyes, modificando para ello lo aprobado hasta aquí.

Cuando tal llegue, deberá cambiar toda la legislación que sea necesario, a pesar de que, por descontado, no les parezca nada bien a quienes hemos ido citando más arriba y a los que piensan como ellos. Porque en eso consiste la democracia, digo yo.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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