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Quién mueve la violencia en las calles

Hace un año, el 22 de marzo, las calles de Madrid fueron escenario de una de las más brutales batallas campales que ha presenciado la capital de España. Se rozó la tragedia.

Ocurrió en la plaza de Colón, en la concentración final de la llamada "Marcha de la dignidad", y el balance de los incidentes fue de al menos 101 heridos, 67 de ellos policías, junto con una treintena de detenidos.

Las imágenes que se vieron en las televisiones, incluyendo casos como el antidisturbios al que se arrojó un adoquín a la cabeza cuando se encontraba caído en el suelo, resultaron terroríficas.

Esa "Marcha de la dignidad" ha sido convocada de nuevo, y ya están en camino las columnas, andando en dirección a Madrid desde las cuatro esquinas de España. Pero el ambiente hoy es muy distinto a lo que se vivía el año pasado. Muy distinto.

Para empezar, el nivel de movilización resulta notablemente más bajo. Se aprecia a simple vista, en el reducido número de personas que participan en las columnas, en contraste con lo que ocurrió durante la convocatoria de 2014. Cierto es que los organizadores hablan de que llegarán autobuses a Madrid, pero la realidad es que se espera una participación muy inferior.

Y, hablando de la atmósfera previa, existe la convicción de que aquellos grave sucesos no van a repetirse ahora. Aquellos incidentes contribuyeron a demonizar las propias marchas y a sus organizadores. Y nadie quiere que algo así se repita.

El ambiente de conflictividad y crispación que se respiraba el año pasado no se da hoy. Entonces asistimos a un programada escalada de movilizaciones y de agitación, y eso ahora no se aprecia.

Realizando un somero recuento de las manifestaciones, concentraciones y protestas de los últimos meses, se comprueba que no ha habido incidentes ni ha existido violencia alguna. Como digo, en contraste con quienes hace un año calentaron el ambiente callejero hasta desembocar en los sucesos de la Plaza de Colón.

No hay que descartar una hipótesis. Que algunos de los movimientos que hace doce meses crispaban el país han adoptado otra estrategia. Una actitud que seguramente tiene relación con el momento político: nos encontramos en tiempo electoral, y no pocos de esos grupos han creado listas electorales, o se han integrado en coaliciones más amplias.

A la hora de buscar el voto, las posiciones radicalizadas y violentas no cautivan a los ciudadanos. Al menos a las grandes mayorías. Por eso, parece llegado el momento de la actitud pacífica, al menos hasta después de que hablen las urnas. La ocasión de camuflarse bajo una piel de oveja.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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