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La normalidad y la boda de Javier Maroto

Escribo estas línea desde el máximo respeto y hasta el aprecio hacia Javier Maroto.

El próximo 18 de septiembre, el ex alcalde de Vitoria, y hoy vicesecretario de Acción Sectorial del PP, se casará en Vitoria con José Mari, su compañero desde hace 19 años.

Una de las primeras turbulencias causadas por este evento, al menos mediáticamente, tiene que ver con la incógnita de si el presidente de su partido, Mariano Rajoy, que está invitado, asistirá a la celebración, que, entre otros factores, acaecerá en plena vorágine de una trascendente campaña electoral en Cataluña.

Y hay que recordar también que el Partido Popular presentó ante el Tribunal Constitucional recurso contra la ley del matrimonio homosexual que aprobó Rodríguez Zapatero, básicamente con el argumento de que a esas uniones no se les puede aplicar el nombre de matrimonio, recurso que fue fallado por el TC en contra.

He de decir que yo estoy de acuerdo con el PP 'de antes', el que presentó el recurso. Considero que el matrimonio es, como lo definía la Real Academia, "unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales". Y que las demás uniones no deberían llamarse tal aunque reciban todos los reconocimientos legales y hasta sociales. Pero ese no es el motivo de estas líneas

Entrevistado ayer por Carlos Herrera, en la Cadena COPE, Javier Maroto intentó 'justificar' el recurso que presentó su partido argumentando que se trata de cosas, planteamientos, del pasado, que no tienen ningún sentido ahora, en el año 2015.

Afirmó también que en su partido ha encontrado "muchísima normalidad" sobre su próxima boda. Y esa parece la palabra mágica: normal, porque, si algo es "normal", entonces puede y debe ser legal.

Lo de "hacer normal en las leyes lo que es normal en la calle" ya lo inventó, hace un montón de años, Adolfo Suárez. Resultó entonces un buen argumento, porque sirvió para dar fundamento a las reformas que acabaron con los esquemas franquistas y dar vía libre a los afanes democráticos que existían entre los españoles. Pero el principio no vale para todo. Además, hoy en España las uniones de hombre y mujer son en realidad lo normal, mientras que las otras son lo extraordinario

Maroto ha pedido que una boda homosexual como la que él va a protagonizar "deje de ser noticia". Añadiendo que "cuando llegue ese día, seguramente habremos alcanzado la normalidad a la que yo aspiro".

La afirmación de que lo que resulta normal en la calle debe ser admitido legalmente, dicho así, sin más matices, me parece que, además de un error de base, constituye incluso una notable imprudencia.

Existen multitud de circunstancias y realidades "normales", habituales, comunes, que nunca deberían consolidarse. Es, por ejemplo, bastante normal que muchos conductores vayan al volante sin cinturón de seguridad, y que otros muchos lo hagan hablando por el teléfono móvil. Hoy es "normal" en este país la inseguridad laboral, a lo que se añaden los bajos sueldos.

Hace muy poco, en España lo normal era fumar en establecimientos cerrados. Y añado un punto más, recurriendo a datos históricos: durante muchos siglos, la esclavitud ha sido normal. Y las mujeres no podían votar.

Todo eso era normal y era legal. Ahora no es legal.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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