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No oigo a los catalanes

Los sucesos de estos días en Cataluña, con los atropellos legales y democráticos que han conducido a la aprobación de la ley del referéndum y a la convocatoria del 1 de octubre, llenan de estupor a la generalidad de los ciudadanos, de este país y de cualquier otro.

Para sacar adelante la ley del referéndum, en el Parlament se ha marginado a las minorías, y con ellos a más de la mitad de los catalanes, que son los que apoyan y votan a partidos constitucionalistas.

Es el último esperpento, que se suma al cúmulo de desplantes sufridos por la Generalitat con sus salidas al extranjero en busca de cualquier apoyo internacional, algo que no han recibido en absoluto. Más bien lo contrario. En algún caso han hecho incluso el ridículo, con excursiones y convocatorias donde no les recibía nadie.

A todo ello hay que sumar el daño que se va causando a la economía de España (empieza a castigar el rating como país) y, por supuesto, incluso más, a los intereses de las empresas catalanas.

Juego sucio, trucos, actitudes antidemocráticas, desprecio de la legalidad, incumplimiento de plazos, olvido de informes técnicos de altos funcionarios, nocturnidad... todo eso ha ido acumulando el llamado procés.

Puedo comprender el independentismo como planteamiento político. Puedo entender que algunos, incluso muchos, se propongan lograr la independencia de Cataluña. Pero no entiendo que compartan y acepten las rutas, los procedimientos, las actuaciones erráticas y disparatadas, de los partidos que aglutinan ese voto.

Una independencia que se lograra con tales procedimientos (si tal acaeciera) nacería marcada con el sello de la ilegalidad y la irracionalidad. De la inviabilidad. ¿No se dan cuenta los independentistas sensatos?

Como algunos analistas han destacado, los sucesos de estos meses, y más aún los de estos días, van a convertir en imposible por muchos años la opción de un referéndum pactado y legal.

Por si fuera poco, en este panorama desolador apenas escucho a los catalanes. ¿Están mayoritariamente de acuerdo con todo lo que está pasando? Con los espectáculos y atropellos. Seguramente no. Entonces, ¿por qué no hacen oír su voz para desautorizar a quienes llevan el procés al despeñadero?

¿A qué esperan los catalanes para tomar masivamente la palabra y el protagonismo que les corresponde? Incluidos, por supuesto, empresarios, altos ejecutivos, profesionales, periodistas... que en privado manifiestan su crítica y descalificación a lo está acaeciendo.

¿Es el momento de recordar al manido eslogan del silencio de los corderos? Espero que no. Confío en que no. Creo que no.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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José Apezarena

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