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Las paradojas de un Papa dimisionario

Benedicto XVI abandona mañana el Vaticano, pero sobre todo dejará de ser Romano Pontífice reinante, con lo que se abre el apasionante proceso de la elección de nuevo Papa.

Con su renuncia a la Sede de Pedro, tomada desde el fondo de su conciencia y buscando la voluntad de Dios para él, ha abierto sin duda una nueva etapa en la vida de la Iglesia del siglo XXI. Ha dejado un precedente que marca huella.

Ahora que se marcha, es bueno recordar que Benedicto XVI es un Papa lleno de magníficas paradojas.

Elegido con cerca de 80 años, sin embargo ha logrado ganarse el entusiasmo de la gente más joven, que se arracimó a su lado en la JMJ de Madrid, con aquellos cánticos “Esta es la juventud del Papa”. Enorme paradoja.

Algunos apelaron al precedente de su condición de ‘guardián de la ortodoxia’, por haber presidido la Congregación para la Doctrina de la Fe, para pronosticar un pontificado de machamartillo y dureza doctrinal. Y, no obstante, ha optado por plantear algunas de sus conclusiones teológicas como si se tratara de un autor particular, publicando libros sometidos a la discusión y el libre debate. Otra paradoja.

El Papa alemán, pretendidamente rocoso y duro, pidió perdón públicamente ante los dramas y las injusticias provocadas por los casos de pederastia. Un enorme acto de humildad.

Benedicto XVI ha mostrado ser persona de elevadas dotes intelectuales, hasta el punto que no falta quien lo considera el teólogo más destacado del siglo XX. Y, sin embargo, sus alocuciones y mensajes como Papa han impactado con facilidad y normalidad en la gente común, que le ha escuchado convencida y complacida. Ha demostrado tener el don de la palabra para hacerse entender sin grandes barreras.

Parecía que el hecho de ser un Papa alemán, junto con la fama de profunda timidez, le provocarían dificultades para comunicarse y ha resultado todo lo contrario. Ha aparecido un Romano Pontífice sensible, con corazón y cercanía. Nueva paradoja.

Y, además, poco a poco ha trascendido lo que solamente conocían algunos: que se trata de una persona ‘espiritual’, expresión que quiere resumir que es un hombre que reza. De hecho, el anuncio de su retirada va a acompañado de la coletilla de que ahora se va a dedicar a eso, a rezar.

Sucedió en la Sede de Pedro a un coloso como Juan Pablo II, de innata e increíble capacidad de comunicar, y nos aseguraron que con Benedicto XVI aquella corriente desaparecería. Y no ha ocurrido así, sino todo lo contrario: su voz, sus gestos, su presencia, han seguido dando la vuelta al mundo y alcanzado a todos los niveles humanos.

Los fieles del mundo entero, y con ellos millones de personas de buena voluntad, van estos días dando el adiós a Benedicto XVI, en sus jornadas de despedida, porque les ha ganado el corazón.

Algún cardenal ha resumido que es un Papa santo. Desde luego, me someto al superior juicio de la Iglesia. Pero para muchos lo es. Y también para mí, por cierto.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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