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Mucho que perder y poco que ganar

Por fin, los candidatos de los dos grandes partidos, PP y PSOE, van a celebrar hoy el cara a cara ante las cámaras de televisión, en el único debate a dos de esta campaña para las europeas.

Se ha tardado en alcanzar un acuerdo, pero al final ha habido visto bueno por parte de los equipos de Miguel Arias Cañete y de Elena Valenciano.

Suele decirse que en este tipo de debates hay poco que ganar y mucho que perder. Y es verdad. Se cosechan escasos apoyos y muy pocos votos, en el caso de hacerlo bien, mientras que cualquier traspiés o error acarrea un gran castigo para quien lo comete. Eso explica el reducido entusiasmo que suelen mostrar los partidos por celebrar este tipo de eventos.

Generalmente es el candidato peor posicionado el que más insiste en confrontarse con su rival, mientras que, por el contrario, el que se siente fuerte intenta resistirse. Lógico. El primero es el que tiene más que ganar, y el segundo el que se arriesga más a perder.

Verdad es que este tipo de convocatorias bajo los focos esconden mucho de espectáculo, si no circense, sí al menos mediático. Y que en su desenlace pesan elementos incontrolables: imponderables, imprevistos, un mal gesto, un error involuntario...

Al mismo tiempo, está comprobado que el resultado aparente no siempre coincide con los argumentos y las razones de fondo. No se olvida aquel debate entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro, del que el socialista, entonces ministro de Economía, aparentemente salió triunfador, pero en el que, como se comprobó muy pronto, el que decía verdad, el que tenía razón, era el candidato popular.

Dicho lo cual, y con todas las reservas e inconvenientes, lo cierto es que hoy por hoy no parece admisible, desde el punto de vista de imagen pero sobre todo democrático, que los candidatos no se sometan al ritual del debate televisado. Se ha convertido en una obligación, una demanda general.

Es más: no faltan quienes proponen una reforma de la legislación electoral para convertir en obligatorios esos enfrentamientos en el plató.

Un conocido analista norteamericano comentaba que, a estas alturas de la historia, nadie que no dé bien en televisión puede aspirar a ser presidente de los Estados Unidos. No pocos opinarán que eso constituye una circunstancia más bien lamentable. Quizá tienen razón. Pero así es la terca realidad.

Para bien o para mal, algo semejante hay que decir aquí, en España, respecto a cualquier político que aspire a un puesto que se decida por votación popular. Lo comprobaremos hoy, en el cara a cara entre Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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