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Las pleitesías de Uxue Barkos con su 'burukide'

En el pasado, cuando se encontraba como diputada en Madrid, alcanzó el título de política mejor valorada. Y ahora se ha convertido, muy posiblemente, en la dirigente autonómica más genuflexa. Estoy hablando de Uxue Barkos, presidenta de Navarra.

Resulta que el Gobierno Vasco prepara un nuevo Estatuto de Autonomía en el que cambia el nombre de su comunidad y territorio, Euskadi, por el de Euskal Herría, en el que incluye también a una comunidad y territorio distintos, a Navarra.

Reproduzco el texto de su proyecto de Estatuto.

"Euskal Herría es un pueblo con identidad propia en el conjunto de los pueblos de Europa, depositario de un patrimonio lingüístico, cultural y jurídico-institucional propio, que ha pervivido a lo largo de la historia, que está asentado geográficamente en siete territorios que en la actualidad se encuentran políticamente articulados en dos Estados europeos -el español y el francés-, y tres ámbitos institucionales diferenciados: la Comunidad Autónoma Vasca, que comprende los territorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa; la Comunidad Foral de Navarra que integra a Nafarroa; y el territorio gestionado por la Mancomunidad de Iparralde, conformado por Lapurdi, Zuberoa y Baxe Nafarroa".

Afirma que el elemento que cohesiona al pueblo vasco es "su lengua -el euskera- y su cultura propias, junto con el sentido de la pertenencia a una misma comunidad política en conjunción con el resto de factores precitados son lo que forjan la identidad nacional vasca".

Si lo que cohesiona al pueblo vasco es su lengua, resulta evidente que Navarra no pertenece a la tribu, porque, según el último estudio de Soziolinguistika Klusterra sólo lo usa habitualmente el 6,7% de los navarros. Y en la zona no vascófona lo habla el 0,2%, a pesar de las presiones del Gobierno que preside la señora Barkos.

Sobre la "pertenencia a una misma comunidad política", resulta evidente que no ocurre así porque Navarra tiene entidad propia. Y respecto a los territorios donde están "asentados", tendrían que haberse atrevido a incluir otros donde también se encuentran como Cantabria, La Rioja, y ¿por qué no?, Argentina y Chile, e incluso Estados Unidos, por aquello de los pastores vascos de Nevada.

Aunque ahora se empeñan en hablar de Sancho III el Mayor como un rey "vasco" en lugar de navarro (rey de Pamplona), pero sin recurrir demasiado a la historia, nunca olvidaremos los navarros aquel momento en que los territorios de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya decidieron ser castellanos, vasallos del rey de Castilla, en lugar de serlo del rey de Navarra. Claro, que eso no se aprende allí en las clases de historia.

La inclusión de Navarra en el proyecto de Estatuto Vasco podría calificarse, benévolamente, de acto de invasión. Y con menos benevolencia, de intento de conquista. Ante un agravio semejante, ¿ha reaccionado con contundencia, ha protestado, se ha quejado por lo menos, el Gobierno de Uxue Barkos? De ninguna manera.

Lo único ha hecho la presidenta es que Navarra será lo que quieran los navarros. ¡Pues faltaría más! ¡Mira que si dice que se hará lo contrario! Pero ya se está ocupando ella, desde su despacho en el Palacio Foral, de forzar que los navarros "quieran", con esos planes de euskaldunización implantados desde los Pirineos a Pamplona y hasta la Ribera.

No ha existido protesta alguna. Es que la señora presidenta, por las vinculaciones ideológicas y de partido, no puede por menos que rendir pleitesía a sus jefes políticos: el PNV. El que gobierna en Euskadi. El PNV que planea incorporar a Navarra porque sí.

Una actitud de pleitesía que rozó los límites de lo vergonzante, humillante, con lo escenificado el 4 de mayo en el histórico y navarro Señorío de Bértiz, donde compareció junto con el presidente del Gobierno Vasco, Íñigo Urkullu, aparentemente para valorar la disolución de ETA.

¿Qué pintaba allí el señor Urkullu? Nada. Era solamente un nuevo gesto de pleitesía, dependencia y subordinación ante su 'burukide', su jefe político.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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