Miércoles 22/11/2017. Actualizado 03:42h

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Me ha producido una gran vergüenza

Me resistía a dedicar estas líneas a la llamada “Conferencia de Paz” celebrada en San Sebastián, porque son ya muchos los que han escrito sobre ello y pensaba que quizá tampoco quede nada que añadir.

No obstante, al final lo hago, porque el asunto me parece muy grave y, por tanto, no debería dejarlo pasar sin exponer mi punto de vista.

Por decirlo pronto y rápido: la convocatoria de San Sebastián me ha parecido una gran vergüenza.

Pero voy a intentar no extenderme demasiado.

Para empezar, es bochornoso que se hable de “conferencia de paz”, porque aquí no ha habido ninguna guerra.

Se ha celebrado a honra y honor de aquellos que durante cuarenta años han estado martirizando a este país, y que ahora se ven dignificados, equiparados en pie de igualdad a todos nosotros, al resto, a la mayoría de los españoles, que somos los que les hemos sufrido.

Los etarras han conseguido su sueño de internacionalizar el conflicto, como ellos lo llaman. Aparece revestido como un enfrentamiento entre dos “naciones”, o al menos dos “pueblos”, cuando en realidad el problema terrorista ha sido el de una minoría de asesinos dedicados a masacrar a los demás. Y “los demás”, por cierto, no han respondido con la misma moneda.

Porque España y el País Vasco no son ni Sudáfrica, ni Irlanda.

Los invitados internacionales, se han autotitulado mediadores ¿Qué mediador cabe entre unos asesinos y la gente asesinada?

Vergonzoso ha sido que las víctimas hayan sido las grandes ausentes.

Lamentable me ha parecido el paripé del Gobierno, que podría haber impedido que la mascarada se hubiera celebrado. Quiere decir que está por la labor. Y, encima, sin la gallardía de decirlo.

Y muy triste el papel de un Partido Socialista de Euskadi que ha sancionado con su presencia la exaltación de quienes han matado a algunos de sus mejores militantes.

Y todo ¿para qué? ¿Para facilitar el final de ETA? ¡Pero si ETA está en proceso de desaparición!

ETA se extingue, primero, porque el cerco policial la ha reducido a la mínima expresión. Nunca ha estado peor. Y, en segundo lugar, va a cerrar porque su propia gente ha optado ya por la renuncia a la violencia y caminar por las sendas de la política.

Así que a ETA no le hacía falta ningún ‘impulso’ para una disolución que va a llegar sola. Ahora, sin embargo, ese adiós va a aparecer como un triunfo, como que son los ganadores.

Coincido con la frase de que “a los asesinos no hay que pagarles por matar, ni tampoco por dejar de matar”.

He dicho que no me quiero extender. Aludiré por encima al comunicado final de esa supuesta ‘conferencia de paz’. Habla de poner fin a la última confrontación armada en Europa. ¿Confrontación armada? No: sólo una pandilla de pistoleros asesinando. Y nada más.

Y, encima, al final ni siquiera han pedido a ETA, con su nombre, que deje de matar.

Una gran vergüenza.

 

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José Apezarena

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