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El sonoro portazo de un fiscal harto

Eduardo Torres Dulce lo había dejado meridianamente claro, y además en público. Afirmó que el día que sufriera presiones políticas insoportables, dejaría el cargo. Pues eso es lo que ha hecho.

El Fiscal General del Estado anunció ayer que abandona el puesto, en la nota oficial se escondió en "motivos personales", pero la interpretación generalizada se resume en que ya no aguanta más injerencias. Que no está dispuesto a aguantarlas, vamos.

En su entorno lo que se escuchaba en esas primeras horas era que está "cansado". Sin más precisiones. Que sin embargo permiten concluir lo obvio: "Cansado del Gobierno".

Es que la salida de Torres Dulce se ha convertido en un sonoro portazo. ¿A quién? Pues, al que puede presionarle, al que de hecho lo ha practicado, es decir, al Gobierno y sus aledaños. Como digo, es la conclusión que queda tras su abandono. Y no resulta buen mensaje.

Torres Dulce es un fiscal... fiscal. Es decir, un profesional enamorado y defensor del trabajo del ministerio público, por cuya independencia lleva peleando años. Desde mucho antes de llegar a la Fiscalía General. Y que, por tanto, en los tres años que ha desempeñado el cargo ha resistido toda clase de interferencias, sugestiones, presiones y hasta amenazas.

¿Por qué se marcha precisamente ahora? Creo que para evidenciar su protesta, silenciosa y por eso mismo clamorosa, contra lo que ha vivido y sufrido en ese cargo. Y quizá con la intención de que nunca más se produzcan tales situaciones.

Considera que los grandes asuntos judiciales, como el caso Gürtel, los ERE's de Andalucía, la consulta soberanista catalana y, por supuesto, el caso Nóos y la imputación de la infanta Cristina, están ya encarrilados, en manos de los fiscales correspondientes.

Durante su reciente comparecencia ante el Congreso de los Diputados proclamó que la corrupción constituye el enemigo más peligroso que hoy afronta la democracia española. Y de ahí intensidad, sorda pero firme, de los pulsos que ha debido sostener, a propósito de asuntos tan turbios como los arriba citados.

Era conocido que algunos ámbitos del Gobierno no le perdonaban su actuación en el escándalo Gürtel y con la prisión de Bárcenas. Y que en ese ambiente se repetía que el fiscal no era "uno de los suyos".

Torres Dulce deja el cargo, pero antes de irse ha designado cuatro profesionales más reforzar para la Fiscalía Anticorrupción, y ha procedido al nombramiento de sesenta y pico nuevos fiscales por toda España, muchos de ellos también destinados a luchar contra la corrupción.


editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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