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Es triste que para ser político haya que vestirse de camaleón

Entiendo que la meta de todo político se cifra en conquistar el poder. Y que la vía para ello se resume en tratar de ganar elecciones, o al menos hacerse con un cierto número de escaños, el más elevado posible.

Como requisito necesario para buscar el triunfo, han de participar en campañas electorales, donde por lo visto todo vale con tal de ganarse una imagen favorable y de arañar votos. Incluso convertirse en camaleones.

Dice la Real Academia que el camaleón es un “reptil saurio de cuerpo comprimido, cola prensil y ojos de movimiento independiente. Se alimenta de insectos que caza con su lengua, larga y pegajosa, y posee la facultad de cambiar de color según las condiciones ambientales”.

La segunda acepción de la RAE, que es la que nos interesa, precisa: “Persona que tiene habilidad para cambiar de actitud y conducta, adoptando en cada caso la más ventajosa”. Una definición casi perfecta para describir el comportamiento de tantos políticos, muy diestros en mudar de piel.

Pero resulta algo más penoso que tal modo de proceder haya prendido también en líderes recién llegados, a los que habría que suponer menos maleados y todavía con el candor de la novedad. Me refiero, por concretar, a los dos personajes de moda en el ámbito político, es decir Pablo Iglesias y Albert Rivera, que ya, tan pronto, han mostrado un camaleonismo propio de veteranos. Con casos concretos.

Vamos con el líder de Podemos. A propósito del esplendoroso triunfo de España en el Europeo de Baloncesto, tras la victoria sobre Francia en semifinales, Pablo Iglesias publicó un encomiástico tuit deshaciéndose en loas hacia los integrantes del equipo español: “Bravo gladiadores. Grande Gasol. Cómo hemos disfrutado. Gracias equipo y felicidades a Francia por su partidazo”. Y en la noche del domingo, tras el oro, firmó este otro: “Felicidades @paugasol. No solo por el merecido MVP, sino por hacernos amar el baloncesto”.

Lo de camaleón tiene que ver con unas duras afirmaciones suyas anteriores, de hace unos años, en las que aludía a los integrantes de la selección de baloncesto como “un grupo de millonarios dispuestos a vender su imagen a cualquier banco, empresa nacional o sindicato del crimen”. Con esas palabras. Y no ha pedido disculpas.

Vamos con el creador de Ciudadanos. Estamos en tiempo electoral y, entrevistado en el programa La Sexta Noche, afirmó rotundo: “No me gustan los toros”. Se ve que piensa que la fiesta nacional ya no da votos. Porque, tal como publica hoy ECD, Albert Rivera, no solamente ha asistido en el pasado a corridas de toros, sino que lo ha hecho desde la barrera e incluso ha sacado a hombros a algún diestro triunfador.

Políticos camaleones. Se comprende. Pero no deja de ser un poco triste.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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