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La vergüenza de ser español

¿Qué provocó esta maldición, consistente en que los españoles desconozcamos lo que hemos sido, y lo que somos, y en consecuencia no sintamos ningún orgullo de nuestra historia y condición?

¿Cuándo comenzó a ocurrir que los habitantes de esta nación perdieron la más elemental autoestima y, por contra, adquirieron una extraño complejo de inferioridad y de autoconmiseración?

¿Comenzó tal vez con la Leyenda Negra? ¿Estalló en el siglo XIX, fue con la crisis del 98? ¿Es culpa de la cruel guerra civil 1936-39, de los cuarenta años de franquismo…?

¿Se trata, simplemente, de una tara del sistema educativo, que olvida hablar de lo que ha sido y es España, o es que hemos contraído un gen que nos convierte en cenizos?

Quizá lo que ocurre es que no hemos contado bien (bueno, ni bien ni mal) nuestro pasado y nuestra historia. Que es, sin ponernos rimbombantes y sin exagerar, grande y heroica. Basta con conocerla un poco.

Frente a quienes no valoran en absoluto la condición de españoles, quienes incluso parecen sentir vergüenza de serlo, habría que recordar lo que hemos hecho como pueblo.

No se trata de intentar relaciones exhaustivas, pero, por ejemplo, España es la única nación del mundo que, habiendo sido invadida y conquistada por los musulmanes, al final los expulsó y erradicó su huella extraña. El único país. Nos costó ocho siglos, pero lo logramos.

Este país descubrió un mundo nuevo, llamado América, que instruyó y evangelizó, en una gesta tan increíble que casi cuesta creer la inmensa obra, colosal, de tantos españoles, antepasados y parientes nuestros, al otro lado del Océano.

Hubo un par de siglos en los que el castellano se hablaba en todos los reinos europeos, era la lengua común, diplomática, cultural y comercialmente. Pocas naciones pueden presumir de algo así.

Los españoles supimos enfrentarnos al poderío francés con una Guerra de Independencia de la que hemos hablado y escrito muy poco. Y, por cierto, fue aquí donde comenzó el declive de Napoleón (baste recordar Bailén).

Ciertamente, sufrimos una trágica guerra civil, increíble y cruel sin duda. En esos años, España se convirtió en el objetivo a conquistar por el comunismo internacional, que sin embargo acabó fracasando y derrotado.

Hemos salido de aquel desgarro y división, lo hemos superado, construyendo una transición política que es asombro, modelo y ejemplo en el mundo. Y lo hemos hecho nosotros, los españoles.

Hoy disfrutamos de un sistema democrático tan avanzado y garantista como el que más, somos un país que se sitúa entre los diez o doce más desarrollados del mundo, con una renta per cápita envidiable y envidiada, que es capaz de afrontar importantes obras públicas (baste citar la ampliación del Canal de Panamá), cualificado para construir las más modernas infraestructuras (el AVE La Meca-Medina), cuya empresas gestionan el tráfico aéreo en medio mundo, los suministros de agua en capitales importantes, con bancos que son cabeza en decenas de países, con punteras empresas energéticas y de telecomunicaciones…

Contamos con unas fuerzas armadas modernas y eficaces, altamente valoradas en los cinco continentes por su acierto en misiones internacionales… El castellano es una de los dos o tres lenguas del futuro…

Pues bien, por lo visto nada de eso sirve para pesimistas y agoreros, o simplemente ignorantes de la realidad.

¿Triunfalismo por mi parte? ¿Olvido de los problemas que nos acosan? Creo que no. Padecemos dificultades, hemos sufrido una crisis económica pavorosa, se ha destruido empleo compulsivamente, millones de españoles lo pasan mal… Pero, al mismo tiempo, contamos con los resortes, las capacidades, hasta las medicinas, para salir adelante. Y lo estamos haciendo, entre todos.

Tenemos empresas modernas, directivos cualificados, infraestructuras numerosas, universidades y titulados universitarios, mano de obra cualificada, herramientas informáticas generalizadas, capacidades logísticas, puertos, turismo, arte… ¿Entonces?

Ante la maldición del pesimismo y la vergüenza, tal vez haya que pasar el tanto de culpa a los principales partidos del país, sobre todo los que han gobernado y gobiernan, que han hecho tan poco para remediar la situación.

Una ceguera y desidia, por cierto, que no se remedia improvisando a última hora, en el cuarto año de la legislatura, cinco o seis actos conmemorativos y festivos más a propósito del 12 de Octubre.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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