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La vida ¿privada? de la princesa Leonor

La princesa de Asturias, Leonor de Borbón y Ortiz, hace esta semana la primera comunión. Un acontecimiento que desde La Zarzuela están empeñados en minimizar todo lo posible, al menos en cuanto a las formas y a la cobertura mediática.

La hija mayor de los reyes recibirá la comunión, junto con sus compañeras/os del Colegio Rosales, en la parroquia de Aravaca, una iglesia pequeña a la que apenas podrán acceder los familiares directos de los alumnos. Y donde el despliegue informativo será mínimo. Otra cosa es lo que ocurra en el exterior.

Se rompe así la costumbre que implantaron don Juan Carlos y doña Sofía de que sus hijos hicieran la comunión en el recinto de La Zarzuela, algo que tenía toda la lógica del mundo, por la relevancia del acontecimiento, la personalidad de los afectados y la oportuna cobertura mediática.

Es, por cierto, otro cambio más que sumar a los muchos que están aplicando, como acaba de ocurrir con el ritual de entrega de la bandera que ha protagonizado doña Letizia, rompiendo la tradición del vestido negro y la mantilla española.

En principio, no me parece mal el deseo de modificar hábitos anteriores, porque hay procedimientos que deben actualizarse. Pero, a la vez, La Zarzuela, deberá medir bien cuánto y cuánto se cambia para no equivocarse. Porque las monarquías deben mucho a las tradiciones. Ellas mismas, las monarquías, lo son.

Y me viene a la cabeza una pregunta: ¿A quién consultan para este tipo de novedades? Sobre todo las más relevantes, para que en ningún caso respondan a antojos, caprichos y ocurrencias. Por ejemplo, ¿preguntaron al Ejército, a la Guardia Civil, que opinan sobre cómo iba a vestir la reina en esa entrega de bandera? Espero que sí y que no hubiera una sorpresa en el acto.

Volvamos a las novedades que atañen a la primera comunión de la princesa Leonor. Como trasfondo, tienen que ver con la voluntad de sus padres, los reyes, de “normalizar” en lo posible la infancia y primera juventud de sus hijas. Lo comprendo, pero hasta cierto punto. Porque el problema es que las niñas en realidad no son personas “normales”. Su especial condición debe tener consecuencias en determinadas acontecimientos, como por ejemplo la primera comunión, un acto que no es precisamente una actividad colegial más. Salvo que alguien se haya propuesto disimular las cosas.

¿Y qué argumentos se escuchan en Zarzuela, cuando se pregunta por la rebaja en la solemnidad del acto respecto a lo que ocurrió con Elena, Cristina y Felipe cuando eran niños e hicieron la primera comunión, y sobre las restricciones en la cobertura mediática? Lo que responden es que se trata de “un acto privado”. Respuesta equivocada.

Zarzuela aún no ha asumido que todo, todo, lo que realicen, viajen, visiten y actúen los reyes y sus hijos, no constituyen actos privados. Primero, por lo que ellos mismos representan. Pero también, aunque sea un argumento menor, porque son costeados con dinero público. Así que, en el interior de su casa, pueden hacer y decir lo que quieran. Fuera de esos muros, todo resulta de interés público. Incluidas, por supuesto, esas vacaciones y salidas secretas a que son tan aficionados.

Acabo de leer el último libro de Pilar Cernuda, dedicado a don Juan Carlos con el título “Genio y figura”. Lo recomiendo. De él reproduzco este párrafo: “Suele comentar don Juan Carlos que don Juan, su padre, siempre decía que el único momento de privacidad de un rey era el que pasaba en el cuarto de baño”. Palabra de rey.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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