Domingo 19/11/2017. Actualizado 11:46h

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Arrastrarse, gemir, mendigar

Nadie podía imaginar siquiera que Artur Mas iba a ser capaz de llegar a estos niveles de bajeza. El pacto con la CUP ha demostrado ser –como tantos le habían advertido- una trampa mortal, que le ha empujado a arrastrase, a gemir, a mendigar.

Es una vergüenza constatar cómo un líder de un partido político de gobierno es capaz de vender su alma con tal de mantenerse en el poder. ¿Pero no tiene dignidad? ¿Y sentido del ridículo? ¿No tiene a nadie que le haga ver lo patético que resulta esta negociación?

Lo peor de todo ha sido verle estos días entrar en una espiral ignominiosa de concesiones. Que si estaría dispuesto a designar tres vicepresidentes y quedarse poco más que de ‘presidente florero’. Que si ya sólo pedía un mandato de 10 meses y, pasado ese periodo, convocaría una moción de censura y se marcharía como un chico bueno, sin armar ruido y por la puerta de atrás, si se veía conveniente. Penoso.

Pero les digo una cosa. No me da ninguna lástima. Por un motivo fundamental.

Desde hace algunas semanas he podido charlar con calma, conversaciones de hablar largo y tendido, con algunas personas de cierta edad. Y me ha dejado helado el nivel de angustia que acumulan por la cuestión catalana.

No lo van proclamando. No gritan ni patalean. Son gente discreta. Pero internamente están rotos. Hay muchas personas sufriendo, sinceramente, por lo que está pasando en Cataluña. Es como si algo de estas personas, muy dentro, se estuviera desmoronando.

Por eso pienso que Artur Mas, el verdadero responsable de esta bochornosa deriva, se tiene bien empleado el fin al que parece abocado.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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