Lunes 18/12/2017. Actualizado 01:04h

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Por qué la Cataluña sensata envidia a Urkullu

Estoy convencido de que es así. La mayoría de convergentes sensatos que habitan en Cataluña, que los hay (y muchos), estarán mirando desde este domingo al País Vasco con cierta envidia y nostalgia. Lo que allí ha sucedido es la constatación flagrante de que el callejón sin salida en el que se han metido los catalanes ha sido un error monumental.

Urkullu ha demostrado que el nacionalismo moderado, que reclama legítima respetabilidad pero sin echarse al monte, ofrece más réditos a largo plazo que el asilvestramiento enojado por el que CiU apostó hace unos años.

Esta opción ultramontana ha logrado lo nunca visto: dinamitar el partido, quemar a sus líderes, judicializar planteamientos políticos, alimentar a los rivales (Esquerra, Colau, Podemos, la CUP…) y generar un sinfín de daños colaterales.

Mientras tanto, Urkullu ha transitado por la vía de la sensatez. Ahora –dijo- no toca hablar de independencia sino de los problemas de los vascos y vascas: el empleo, el desarrollo social, el crecimiento económico, la inversión, la educación…

Ha pedido más autogobierno pero ha enfocado este sentimiento en clave positiva, no como contraposición a nada. Urkullu y el PNV han admitido que hoy es imposible que un Estado se pueda declarar independiente. Simplemente, no es posible: “Vivimos en un mundo globalizado en el que quizás el concepto de independencia hay que derivarlo a un concepto de soberanía compartida”.

El líder del PNV se ha mostrado favorable a buscar un punto de encuentro trabajando en la dirección abierta por la Clarity Act que impulsa Canadá, el único país demócrata que ha gestionado con éxito un desafío separatista.

Simplificando mucho, se trataría de obviar los referendos unilaterales buscando una consulta legal y pactada, y proponer que los ciudadanos vascos formen una nación dentro de una España unida. No se aludirá a ningún territorio sino a sus miembros, dejando muy clara en todo momento la unidad del país.

Esta actitud ha sido premiada por los votantes del País Vasco, ha cerrado el paso a las formaciones de izquierda genuinamente independentistas y ha permitido al PNV perpetuarse en el poder. Sin erosiones gratuitas ni pérdida de pujanza económica.

Es una pena el contraste con el desastre catalán.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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