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Cebrián no ha contado todo a los lectores de El País

El diario El País publicó este domingo un extenso artículo, titulado “A nuestros lectores”, en el que explica las razones que han llevado al Grupo Prisa a acometer un “doloroso ajuste de plantilla” que se formalizará este lunes con un ERE que afectará a 129 profesionales. Sin embargo, Juan Luis Cebrián no ha contado todo.

Lo que cuenta el texto es interesante. Afronta las principales cuestiones, no rehúye las polémicas más insidiosas, ajusta algunas cuentas pendientes con el comité de empresa y se extiende en el relato de las causas que han llevado a esta situación.

Pero, como digo, el muñidor de este escrito ha olvidado mencionar precisamente el verdadero trasfondo de la cuestión.

El presidente Cebrián evita aludir a la peliaguda transición de capital que ha sufrido su empresa. Prisa ha pasado de estar manos de pocas personas –la familia Polanco y los socios de toda la vida: los Valero–Entrecanales, los Noguera–Borel, los Mendoza–Solano, los Pérez–Arauna…- a dispersarse entre un número creciente de accionistas con un perfil bien distinto.

El Grupo Prisa está sintiendo ahora en carne propia el amargo trago que supone adoptar esta estructura de empresa cotizada, domeñada por unos accionistas con un solo ideal por bandera: los resultados.

Cotizar en bolsa permite recaudar fondos para financiar planes de expansión, facilita el retorno rápido de la inversión realizada por los propietarios, otorga una mejor imagen corporativa, profesionaliza la gestión, proporciona prestigio y credibilidad. Sin duda.

Sin embargo, ser una empresa de comunicación cotizada obliga también a la compañía a adoptar una fisonomía donde los resultados a corto plazo son ya decisivos. La cotización se sienta en el consejo de dirección, con voz y voto, junto al resto de impulsos que hasta ahora marcaban las pautas de la compañía.

El Grupo Prisa no ha sido ajeno a esta dinámica. Jesús Polanco guió a la empresa con mano firme, aplicando principios que muchas veces (no siempre, en cualquier caso) prevalecieron sobre otros: resultados, plusvalías, rentabilidad, beneficios a corto plazo… La desaparición del ‘gran timonel’, en julio de 2007, fue definitiva: ese equilibrio se perdió.

Pongo sólo un ejemplo palmario de este giro: el cierre de CNN+. Como se acreditó por entonces en estas páginas, Cebrián llevaba meses repitiendo que el canal no cerraba, que se trataba de un activo estratégico del que Prisa no iba a prescindir.

Sin embargo, en diciembre de 2010 hubo contraorden. Los nuevos accionistas de Liberty Acquisition Holdings Corp., que acababan de desembarcar con 650 millones de euros que impidieron la quiebra, fueron implacables: “Esto es Wall Strett –dijeron. Lo que no es rentable, se suprime; sin más”. Y así fue.

De este proceso no hay mención alguna en el artículo publicado este domingo por El País. A pesar del silencio, lo sucedido formará parte de la biografía profesional de Juan Luis Cebrián, vaya donde vaya. Le acompañará incluso hasta Nueva York.

Más en twitter: @javierfumero

 

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Javier Fumero

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