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Cifuentes devorada

Al final, dimitió Cristina Cifuentes. Lo hizo con un discurso apasionado, beligerante, sentido… y equivocado. Una vez más. Una pena.

La presidenta de la Comunidad de Madrid no ha acertado en algo muy relevante: el enfoque de esta crisis política y la consiguiente estrategia de comunicación. Ojo. No digo que sólo ha fallado en lo externo, en la narración, sino que fruto de un mal planteamiento de fondo ha resuelto mal todo el affaire.

Cristina Cifuentes ha insistido, tozuda, en varios argumentos: se le ha querido destruir, se ha orquestado un ataque personal para dinamitar a un rival político, es un linchamiento injusto, se ha diseñado una campaña de acoso y derribo para acabar con ella…

Tengo bastante claro que ha habido varias manos tenebrosas moviendo esta cuna. En nuestra edición de este jueves desvelamos algunas suculentas pistas que apuntan en esta dirección. Pero dicho esto, un político debe ser capaz de abstraerse de las confabulaciones y ser siempre transparente, honrado y veraz.

No se puede faltar nunca a la verdad. Ni jugar a la ceremonia de la confusión. Ni optar por las medias verdades. Nunca. Ni aunque responda a una conjura de malos malísimos. En esto, el que contemporiza, la paga.

Ante una crisis de este calibre, con la verdad a veces puedes salir airoso; otras, no. Pero trampeando es prácticamente imposible sobrevivir. Está demostrado. Hay mucha bibliografía sobre la materia.

Ya lo dije hace algunas semanas: lo peor de toda la polémica sobre el Trabajo de Fin de Máster de Cristina Cifuentes fue la falta de claridad, los datos que no cuadran y los engaños. Eso te acaba devorando.

Este miércoles, al final de la triste rueda de prensa en la que anunció su renuncia, Cifuentes se dirigió a los profesionales de los medios de comunicación. Y nos dedicó el siguiente mensaje: “debéis pensar si en la vida vale todo, yo creo que no”.

¿Ven lo que les digo? Resulta tremendamente paradójico escuchar esta frase en su boca. Ella, que ha tomado varios atajos de dudosa moralidad, ha quedado deslegitimada para impartir lecciones de ética y deontología. Y es un argumento que se le vuelve inmediatamente en contra: tampoco vale todo por incluir un máster en tu currículum o quedarte con dos botes de crema.

Lo grave es que este miércoles sólo ha salido a la luz una pequeñísima parte del problema de Cristina Cifuentes. Ella lo sabe: debería ser más prudente y dejarse aconsejar mejor. Si hubiera contado lo que le pasa habría tenido que dimitir, eso no se discute, pero se marcharía habiéndose granjeado la solidaridad y empatía de bastantes personas.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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