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Despidos crueles en BQ

El fabricante de móviles BQ sorprendió al mundo en noviembre de 2014 con un anuncio brutal. El cineasta Alex de la Iglesia dirigió un spot, ideado por la agencia Sra. Rushmore, en el que no aparecía el producto (el terminal Aquaris E5 4G) sino el efecto que provocaba en la competencia. Aquel llamativo y sonoro “Fuckin’ Spaniards” (jodidos españoles) se hizo bastante famoso.

La empresa logró una sintonía inmediata con los ciudadanos. El sueño de un Silicon Valley español, capaz de competir internacionalmente con las grandes tecnológicas, generó una gran empatía desde su nacimiento.

Y la base era bastante buena: fabricaron productos que lograron una gran aceptación, muy competitivos en precio, lanzaron una brillante campaña de marketing y la empresa creció y creció y creció…

Ahora, año y medio después, parece que vienen mal dadas. La compañía no ha formulado aún las cuentas de 2015, como debía haber hecho antes del 31 de marzo. Extraño porque se arriesga a una sanción de Hacienda. Pero además, ha cancelado decenas de proyectos que estaba desarrollando. La explicación que han recibido los socios implicados en esos programas es que los resultados han sido peores de lo esperado.

El ajuste ha llegado también al personal. Hasta la fecha, se han confirmado unos 200 despidos, un 15% de la plantilla, en departamentos como Software, Finanzas y Marketing. Hasta aquí, algo triste pero comprensible en quien realiza apuestas y busca crecer. Nada que no sea subsanable, en principio.

Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención de lo sucedido son las formas que se han utilizado en algunos casos, denunciadas desde dentro.

Empleados de la compañía están relatando comportamientos muy poco ejemplares en algunas salidas, donde el procedimiento ha sido el siguiente:

Un encargado de Recursos Humanos contacta con el afectado, se le convoca a una reunión y allí se le transmite la mala noticia: la dirección ha decidido prescindir de sus servicios y debe firmar unos papeles. Cuando el trabajador regresa a su puesto comprueba, con sorpresa, que alguien se ha llevado ya el ordenador y la pantalla. Se han esfumado. En algunos casos, ni siquiera está la mesa de trabajo: ha desaparecido. Sólo quedan sus pertenencias, amontonadas en un rincón.

Qué quieren que les diga. Es un método que emplean bastantes empresas anglosajonas. Busca probablemente evitar represalias de un profesional despechado, el robo de claves o la sustracción de información interna. Qué se yo.

En cualquier caso, esto no tiene nada de marca España. Las cosas no se deben hacer así. Ni aquí ni en ningún sitio. Al menos teniendo en cuenta los servicios prestados por esa persona, uno debe mostrar respeto y educación hacia quienes han formado parte de un proyecto común.

No seamos papanatas y resistámonos a copiar la deshumanización de los ‘yankees’… o de quien sea.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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