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Dramático: los teléfonos empiezan a dejar de sonar

Lo más grave del desalojo del PP del Gobierno de España ha sido lo repentino del hecho. Sin elecciones previas, sin semanas para irse haciendo a la idea. No, de sopetón, haga las maletas y váyase a su casa. Tremendo.

Pero ahora viene lo más duro. El teléfono va a empezar a dejar de sonar.

Cuenta Jordi Sevilla estos días, que anda presentando un libro, su sorpresa cuando su nombre empezó a salir la semana pasada entre los posibles candidatos a entrar en el Gobierno de Pedro Sánchez. Asegura que, de forma inopinada, su teléfono empezó a sonar más de lo habitual.

Ha explicado que, de repente, una gran cantidad de conocidos encontraron su teléfono (que al parecer habían perdido) y querían convencerle de que son amigos de toda la vida. Por eso ha dicho que, tras su experiencia de estos años como ex ministro, acaba de descubrir un nuevo concepto: qué es ser ‘ministrable’.

El periodista le preguntó si era una buena sensación. Y su respuesta fue tajante:

-- “Pues mire, no, porque, de repente, un montón de conocidos que habían perdido tu teléfono lo encuentran y descubren que son íntimos tuyos y se lo cuentan a todo el mundo y acaban contándotelo hasta a ti mismo”.

Sin embargo, es más demoledor el shock que van a vivir los que se apean del machito. Según cuentan los que han pasado por ese trance, el impacto es brutal. Porque además, nadie te ha preparado para algo así.

Tras un largo tiempo sintiendo la subyugante pulsión que deriva del ejercicio del poder, todo se desvanece como por ensalmo. En este sentido, una de las cosas más llamativas es –lo cuentan quienes han pasado por este trago- lo que sucede con el teléfono.

Cuando uno desempeña un cargo tan relevante como el de ministro tiene hilo directo prácticamente con quien desea. Es impactante. Contar con mando en plaza en el Boletín Oficial del Estado abre cualquier puerta que parezca infranqueable. Si uno manifiesta en voz alta el deseo de contactar con alguien, no hay imposibles. Todo son facilidades y disponibilidad.

El choque viene cuando uno entrega la cartera y se convierte en otro “ex” de los que pululan por el mundo. "Voy a llamar a fulano para comentarle este asunto...". Entonces, sorprendentemente, como por arte de magia, fulano no sólo no se pone: es que ni devuelve las llamadas. Lo que ayer era “si tú me dices ven, lo dejo todo”, hoy se convierte en “que si quieres arroz, Catalina”. ¡¡Y sólo han transcurrido 24 horas!!

Las relaciones que uno consideraba sustentadas en una afecto sincero, en un aprecio real, se demuestran más falsas que Judas, de puro y simple cartón piedra. Eran sólo lazos interesados.

Dicen que el golpe es bastante difícil de digerir.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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