Jueves 14/12/2017. Actualizado 01:00h

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¡Escraches a los de Podemos, no!

Qué difícil resulta ser coherente. Sobre todo, pienso, cuando uno se mueve por sectarismo. Es lo que le acaba de ocurrir al concejal de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid, donde gobierna la marca de Podemos, tras sufrir un escrache en carne propia.

El martes, nada más salir de la Comisión de Seguridad del consistorio, Javier Barbero fue rodeado por 300 policías que se manifestaban en la calle contra la desaparición de una de las unidades antidisturbios del cuerpo.

El político fue increpado, insultado, acosado… y tuvo que refugiarse en un restaurante cercano hasta la llegada del coche oficial, que lo sacó entre empujones del lugar.

He manifestado repetidas veces en público mi rechazo más absoluto a este tipo de actos. Ni zapatos voladores, ni insultos o empujones, ni tartas en la cara, ni escupitajos, ni zarandeos. Me encanta que la gente discrepe, proteste, exponga sus quejas… y hasta se haga oír de forma original. Muy bien. Pero siento rechazo visceral hacia el acoso, el hostigamiento, el asedio y la persecución.

Ya sé que no estarán de acuerdo con este planteamiento los antisistema. Pero ellos nunca lo podrán compartir porque su objetivo es precisamente dinamitar la democracia, el recurso al diálogo y al entendimiento. Su objetivo es quebrar los cimientos del estado de derecho. El resto, buscamos una sociedad tan combativa como sensata.

Dicho esto, quienes más han protagonizado este tipo de protestas son los chicos de Podemos, representados en todas sus variantes: ecologistas, anarquistas, marxistas, pacifistas, antidesahucios…

El propio Javier Barbero fue retratado –hay fotografías que lo atestiguan- acosando a Gallardón, en una calle de Madrid. Se manifestaba a gritos, contenido por un cordón de la policía municipal que lo sujetaba para evitar males mayores.

Cristina Cifuentes fue insultada y vejada por la calle por radicales de izquierda. Esa imagen también ha circulado estos días. Soraya Sáenz de Santamaría sufrió un escrache… ¡en su propia casa! Con una criatura de dieciséis meses de por medio.

Todo esto estaba bien y era libertad de expresión. Era el pueblo ejercitando su legítimo derecho a la protesta callejera. Lícito, democrático, legal y estupendo. Sin embargo, hoy que Javier Barbero lo ha sufrido en sus propias carnes es un atropello y se pone en marcha una investigación.

No lo entiendo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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