Jueves 14/12/2017. Actualizado 19:07h

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Fabio Capello como síntoma

No sé si escucharon el sábado por la noche las declaraciones del ex entrenador del Real Madrid, Fabio Capello a Josep Pedrerol durante el post partido de la final de la Champions, en Milán.

El técnico italiano realizó un breve pero curioso análisis sobre lo que había sucedido en el campo. Dijo lo siguiente:

-- “Zidane ha hecho un buen trabajo. Es un equipazo. Pero no hemos visto esta noche un fútbol de Liga. Balón largo… poco toque… Cuando llegas a final de temporada, con tu rival, es muy difícil. Esto es fútbol también, no se puede siempre tocar, tocar, tocar. Hay que respetar al contrario y eso ha hecho el Madrid”.

No sé si todos coincidirán conmigo pero a mi estas palabras me suenan a mucho resquemor acumulado.

Es como si Capello hubiera dicho: he visto un partido muy disputado, pero lo que me ha llamado la atención es que se ha jugado muy poco al ‘estilo español’, en el que nunca he creído. He visto muchos pases largos y poco fútbol control, poco fútbol de toque. El tiki taka del Barça o la Selección Española ha brillado por su ausencia.

A juicio del ex entrenador del Real Madrid los dos equipos de la capital de España, al final, tuvieron que rendirse a la realidad. Y la realidad es que el fútbol se juega como en Italia: contención, rigor defensivo y contragolpe.

Pero la realidad es otra. Los equipos italianos no llegan con regularidad a las finales de los campeonatos internacionales de fútbol. El año pasado, la Juventus peleó por la ‘orejona’ contra el F.C. Barcelona. Este año, Ranieri ha ganado la Premier realizando una gesta digna de mención. Pero son excepciones. La escuela italiana de fútbol lleva años pasando la mano por la pared, a nivel de entrenadores, de selección y de equipos. Eso no te puede llevar a distorsionar la realidad.

La envidia es muy mala, aunque algunos consideren que tiene su importancia.

Un pensador llamado René Girard sostiene que el ser humano aprende a desear las cosas por imitación de los deseos del prójimo, o sea, envidiándolo. Utilizamos para ponernos en movimiento un modelo que idealizamos. Nos mueve un deseo mimético: ser como aquel, vestir como el otro, llevar un nivel de vida como el de más allá.

Esto, claro está, genera conflictos, rivalidades y violencia cuando varios desean un mismo objeto finito, el que sea. Entonces, se desata un enfrentamiento más o menos virulento. No todos pueden obtener la beca, ser presidente, liderar la comunidad de vecinos, acceder a la plaza de funcionario, recibir una matrícula de honor o ganar el Campeonato del Mundo del deporte que sea.

Que eso genere controversia no es bueno. Indica falta de grandeza de ánimo y de amplitud de miras.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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