Sábado 18/11/2017. Actualizado 01:00h

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Garoña ni de coña

Este miércoles circuló por la red social Twitter un hastag con esta leyenda: #GaroñaNiDeCoña. Bajo su auspicio, se difundieron todo tipo de protestas.

Unos mensajes alertaban, una vez más, del radio de acción de una potencial fuga radiactiva en 150 kilómetros a la redonda de la famosa instalación. Pamplona, Calahorra, Burgos, Bilbao, Santander, San Sebastián… Muchos focos urbanos se verían afectados por la catástrofe.

Otros advertían de la sucesión irresponsable de decisiones equivocadas: “El Yak42 pinta mal? A volar! El Prestige se hunde? Llévalo lejos! Garoña no cumple las medidas? A funcionar! ¿Qué puede salir mal?”.

Hubo también ciudadanos protestando en plan irónico por la sucesión de calamidades: “¿Qué más podemos hacer para perjudicar a la gente después del impuesto al Sol? Pues reabre Garoña, que es hipermegasegura”.

Y así todo.

No tengo muy claro si la energía nuclear es suficientemente segura. Admito que estaba convencido de que un accidente nuclear era algo muy improbable, dado el interés que tienen las propias centrales en evitar una catástrofe.

Y por supuesto siempre he mirado con recelo a los románticos activistas antinucleares: reniegan del plutonio pero no proponen una solución realista a la ingente demanda de electricidad de esta sociedad en la que ellos viven encantados, disfrutando de recursos de los que nadie quiere prescindir. A esas personas no parece preocuparles que este sistema industrial no es viable sin energía nuclear.

Pero Fukushima me dejó perplejo. Entiendo que una sucesión de calamidades como esa no es nada habitual. Sin embargo, el riesgo de fuga existió y el drama estuvo a la vuelta de la esquina. No sé qué pensar.

Por si todo esto fuera poco ahí está Alemania arrojando unas cuantas dudas más sobre la cuestión. Según se publicó en un informe reservado, elaborado por la CDU de Angela Merkel, el coste económico para este país por el apagón nuclear prometido por la canciller alemana para el año 2022 será de 40.000 millones de euros.

¿Quién va a pagar este déficit? No tengan la menor duda: los alemanes. El recibo de la luz se va a disparar. Pero hay más. Otra consecuencia inmediata del parón nuclear será la reactivación del programa de centrales de carbón y gas. Y eso va a suponer, queridos amigos del “ni de coña”, un incremento notable de la contaminación de la atmósfera.

¿En qué quedamos? ¿Alguien tiene la solución al dilema? Yo no.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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