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Margallo, vete en paz

Los expertos en dirección de empresas y gestión de liderazgo recomiendan la prudencia cuando alguien abandona la compañía donde trabajaba. Hablan concretamente del ‘síndrome de Coriolano’.

Cayo Marcio Coriolano fue un famoso general romano del siglo V a.C. que, siendo miembro de la aristocracia, dirigió a sus legiones contra los volscos, tribu enemiga a la que derrotó con gran valentía ganándose el apoyo de todos los patricios del Senado. Sin embargo, con el pasar del tiempo las cosas se torcieron, no fue elegido cónsul y acabó condenado al destierro.

Su indignación fue tal que traicionó a la República uniéndose precisamente a los volscos contra los que había luchado y cargando contra su antigua patria. Cuando las tropas volscas de Coriolano amenazaban Roma, el Senado envió a su madre y su esposa entre las matronas romanas, para disuadirle de atacar. El movimiento surtió efecto y Coriolano se retiró conduciendo a sus hombres de vuelta a Antium, la capital.

El relato, que recoge este doble acto de deslealtad, no acaba muy bien. Aufidio, caudillo de los volscos, inició a su regreso un juicio contra él pero Coriolano murió asesinado antes de finalizar el proceso. Shakespeare le dedicó una tragedia en cinco actos.

Todavía recuerdo el caso de la presentadora de la cadena de televisión Russia Today (RT) en Washington, cuando hace unos años decidió abandonar su trabajo: lo hizo en directo, ante toda la audiencia, y asegurando que no podía formar parte de un canal que “encubre” las acciones del Gobierno presidido por Vladímir Putin en Ucrania. Se quedó a gusto la mujer.

José Manuel García-Margallo deja estos días el Ministerio de Asuntos Exteriores. Dicen que está dolido. Que deseaba seguir. Que se considera injustamente tratado. No se le ha escuchado ni una palabra contra Mariano Rajoy. Sin embargo, sí está aprovechando para marcar territorio, para dejar claro que ha habido tensiones en el Gobierno y deslizar quien le ha querido mal.

Los expertos en Recursos Humanos consideran muy importante para cualquier directivo saber marcharse con elegancia y sin mancha. Es algo que hay que trabajar, advierten. Desde el punto de vista emocional, el cuerpo pide un desahogo. Se considera lógico o incluso un acto de justicia: soltar todo eso que uno tuvo que callar cuando estaba atado a la compañía.

Sin embargo, es mucho más eficaz mantener la cabeza fría y concentrarse en dejar la huella adecuada para que favorezca cualquier circunstancia que se pueda presentar en el futuro. Saber salir de una compañía es mucho más difícil que saber entrar, de eso no cabe ninguna duda.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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