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El PSOE tiene un problema de fondo (y no se entera)

Hace varios meses me encontré con un interesante análisis del profesor Ignacio Sánchez Cuenca sobre la crisis de la socialdemocracia en Europa. Reunía datos de los resultados electorales obtenidos por los principales partidos socialdemócratas de doce países de Europa occidental entre 1950 y 2015.

Su conclusión era apabullante: los partidos socialdemócratas de Europa occidental han perdido, por término medio, doce puntos de apoyo electoral en los últimos sesenta años. La época dorada de los partidos socialistas va de 1950 a 1970. A partir de ahí, comienza el declive.

¿Motivos? “La crisis del petróleo de 1973, que pone en cuestión el modelo keynesiano de crecimiento; la ruptura del sistema de Bretton Woods (el dólar pasa a flotar libremente, abandonando la convertibilidad en oro); y el inicio de la libertad de movimiento del capital. Se sientan entonces las bases de un periodo de globalización en cuyo desarrollo estamos todavía inmersos”.

Además, la pérdida de apoyos se agudiza en este siglo XXI. “La década del boom económico estimulado por el exceso de crédito y deuda no supone un respiro para los partidos socialdemócratas, más bien al contrario. Y tras la crisis de 2008 el declive se vuelve mucho más rápido”.

Justamente, en el año 2008 varios líderes mundiales de la izquierda se citaron en un condado inglés llamado Watford. Estuvieron presentes los dirigentes más importantes de la izquierda: Bill Clinton, Gordon Brown, Michelle Bachelet...

Intentaban alumbrar los pilares del nuevo progresismo, una ‘tercera vía’ que intentara frenar esta sangría de votos que sufría la izquierda socialdemócrata mundial.

Sobre la mesa se pusieron tres alternativas. A saber:

1. Un modelo basado en la resurrección de viejos mitos, como la romántica confrontación con Estados Unidos, la defensa del antimilitarismo o el recurso al despotismo de corte populista que terminó por imponerse en la izquierda latinoamericana.

2. Un proceso que, a falta de otra singularidad, centrara todos sus esfuerzos en incidir en aquellos derechos sociales dirigidos a transformar la sociedad: laicismo feroz, aborto libre, educación para la ciudadanía, gays y lesbianas, escuela pública…;

3. Y una tercera propuesta, en fin, basada en vagas especulaciones acerca del futuro del mundo: globalización, calentamiento global y cambio climático, comercio mundial equitativo…

Lo que hizo Zapatero es bien conocido por todos. Tomó un poco de cada una de estas fórmulas y construyó un discurso tan pintón como liviano. La crisis económica se llevó todo aquello de un plumazo porque era un modelo insostenible: no se puede pagar.

¿Y ahora qué?

El PSOE lleva años perdido, sin rumbo y, lo que es más grave, sin mucha intención de abordar qué quieren ser de mayores. Ni Rubalcaba, ni mucho menos Pedro Sánchez han acometido el asunto en profundidad. Ahora Susana Díaz tampoco parece contar con un discurso eficaz con el que competir con el monstruo devorador que les ha nacido enfrente: los chicos de Podemos que tan bien representan la primera de las alternativas enunciadas en Watford.

Mientras el PSOE siga sin definir una alternativa progresista creíble e ilusionante no solucionará su grave problema de fondo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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