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Paguemos bien a los políticos: ¡nos irá mejor!

María Dolores de Cospedal acaba de presentar los presupuestos de Castilla-La Mancha para 2013 y de las cuentas públicas excluye, como prometió, la partida destinada a los salarios de los parlamentarios.more-->

De esta manera, los electos del parlamento castellano manchego sólo cobrarán dietas por asistencia a plenos y comisiones. La región se va a ahorrar un 10% en esta remesa destinada a las Cortes.

Creo que ahorrar está muy bien y predicar con el ejemplo, más todavía. Sin embargo, le tengo pavor a los gestos de cara a la galería, a los brindis al sol, a la demagogia en general, y a algo mucho peor: a la falta de sentido común.

Vamos a ver. En estos duros años de crisis económica he visto a un buen número de profesionales votar a favor de bajarse el sueldo en su empresa con tal de asegurar la viabilidad de la misma.

Se trataba de una medida temporal dirigida a mantener el propio puesto de trabajo. Una cesión transitoria, por causa de fuerza mayor, con toda la lógica del mundo pues evitaba un mal mucho más grave.

Si la rebaja del sueldo de los políticos persigue esto mismo, no tengo nada que decir. Sin embargo, como ya he dicho en alguna otra ocasión, hay que tener cuidado.

Si queremos que nos gobiernen los mejores, que se dediquen a la política los profesionales más cualificados del país, el puesto de trabajo debe estar bien remunerado. No hay otra.

Porque aquí romanticismos, los justos. A nadie se le puede exigir el heroísmo, el amor desinteresado al bien común, la entrega a fondo perdido por una nación. El altruismo es digno de alabanza pero no se puede imponer. Por eso mismo, habrá que animar (con un sueldo más que digno) a los ciudadanos realmente valiosos para que ellos sean los que dirijan nuestros destinos.

A nadie se le escapa que ser político hoy exige la renuncia a un horario decente, a buena parte de la propia vida privada; exige viajar sin mirar días, ni meses, ni fines de semana; evitar determinadas zonas públicas; comporta incluso depender de un servicio de escolta, vigilancia en la casa; renunciar en muchos casos a educar a los propios hijos, no poder estar cerca de la esposa o del marido en momentos cruciales de la vida...

Todo eso, digo yo, exige una nómina a la altura de las circunstancias. En caso contrario, sólo optarán a semejante sacrificio los que no tengan mejores expectativas, es decir, los mediocres. Sólo harán carrera política los que no tengan más remedio que medrar porque no están cualificados para ningún trabajo mejor.

Hay otro motivo más. Creo que si el político está bien pagado y se valora esta profesión, se evitarán casos de corrupción. Las tentaciones de meter la mano en la caja serán menores si uno recibe un estipendio adecuado. Si sirve para mejorar el nivel de nuestra clase política será dinero bien empleado.

Antes de terminar, quiero hacer una salvedad a todo lo dicho. Admito que la opción de eliminar el sueldo a los políticos abre un debate interesante: la opción de que los políticos tengan una profesión ‘civil’, ajena a la cosa pública, de la que vivan habitualmente; que sólo se dediquen al gobierno de pueblos, ciudades, regiones o países de forma temporal y por puro deseo de servir.

Esto sería lo ideal. Pero como me parece tremendamente utópico, por eso, al menos de momento, prefiero pagar un buen sueldo y que me gobierne un tipo mucho más preparado que yo.

Más en twitter: @javierfumero

 

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Javier Fumero

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