Lunes 18/12/2017. Actualizado 11:26h

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Podemos hacerlo mejor con los excedentes de comida

Creo que esto no está muy bien resuelto. Los habitantes de los países desarrollados no gestionamos bien los excedentes. Y eso es lamentable cuando hay tantas personas que pasan necesidad.

Hace unos días estuve visitando la Rioja. Estuve con los cosecheros de una bodega local, de perfil familiar, que han logrado crecer en medio de la crisis. Además de explicarnos el proceso de elaboración del vino, nos hablaron de las últimas vendimias.

Uno de los empleados admitió que el año pasado fue un completo desastre: el granizo que cayó por la zona antes de la recogida arrasó el 80% de la uva. Un horror. Sin embargo, esta temporada ha sido todo lo contrario. Ha habido una producción brutal, histórica, porque no ha llovido mucho. Lo que ha pasado entonces es muy curioso.

La denominación de origen, que vela por la calidad del producto y el buen comportamiento de las bodegas, les prohíbe comercializar más de un 7% del límite máximo establecido para cada bodega. Se trata de evitar una caída de los precios. Por eso no les está permitido distribuir el excedente. Nada. Los inspectores visitan los campos de vides y obligan a los agricultores a dejar sin recoger el fruto o a tirarlo al suelo para que sirva como abono. Nada más.

Invito a cualquier lector que pase por los pueblos de Logroño a echar un vistazo detenido a los sarmientos que se encuentran a ambos lados en las carreteras comarcales: en muchos casos se puede ver lo que digo. Hay uvas sin recoger y, en bastantes terrenos, se distinguen los racimos amontonados a los pies de la parra.

Esto no tiene ningún sentido. ¿No es posible aprovechar mejor ese sobrante? ¿No convendría realizar un esfuerzo para dirigir hacia los que menos tienen esa fruta que desperdiciamos?

Si escasean los bienes, entiendo que se reduzca la ayuda a la Cooperación, como pasó en España durante estos últimos años. Pero esto es un caso flagrante de desorganización.

Es cuestión de utilizar un poco la cabeza.

Hace unos meses descubrí en un artículo la iniciativa de una ONG de Dinamarca que ha abierto un supermercado en Copenhage, llamado WeFood, que vende lotes de comida caducada y con envases dañados.

Antes, todo ese material se desperdiciaba. Iba directamente a los contenedores. Aunque se tratara de artículos perfectamente comestibles. Ahora se coloca en el mercado a precios reducidos: en algunos casos con rebajas de hasta el 50% sobre el coste que figura en la etiqueta.

Sus principales compradores son ciudadanos conscientes del grave problema de los desperdicios –en Dinamarca se producen 700.000 toneladas de desechos de comida al año– y también personas con escasos recursos que se benefician de la rebaja.

Podemos hacerlo mejor, sin duda.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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