Martes 12/12/2017. Actualizado 13:33h

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Prozac contra la intolerancia si eso

Hace veinte años, un profesor de psiquiatría de la Brown University en Estados Unidos publicó un libro que pronto se convirtió en un superventas. Su título, ‘Escuchando al Prozac’, dejaba entrever cuál era la tesis que quería exponer.

Explicado sucintamente, Kramer sostenía que la mente humana puede ser influida por los psicofármacos hasta un punto inimaginable. Se habían acabado nuestros problemas. No hablaba sobre todo de enfermos, de personas deprimidas. Se refería a los padecimientos más leves del temperamento.

El autor auspiciaba, de hecho, la llegada de medicamentos de diseño que mejoraran el funcionamiento general de los estados de ánimo, hasta manejarlos a nuestro antojo.

¿Se dan cuenta? Se abría la puerta al lifting neuroquímico, a la farmacología cosmética.

¿Necesita un poco de euforia para afrontar a tope el fin de semana? Tres comprimidos de este preparado terapéutico. ¿Está usted hoy decaído por una mala noticia? Dos pastillas del bote rosado. ¿Hoy siente angustia por una exposición que debe realizar en el trabajo? Una píldora negra de aquel tarro. ¿No se ve con fuerzas para reprender a su marido? Dos cucharadas de aquel bebedizo.

Me ha venido esto a la cabeza al observar lo que está pasando en nuestro país con un debate interesante, trascendental y necesario.

La irrupción de dos descerebrados en la sede de Charlie Hebdo en París matando en nombre de Dios a los humoristas de la revista satírica ha puesto sobre la mesa, como antes no se había hecho, un dilema –como digo- de vital importancia: ¿tiene límites la libertad de expresión?

No quiero entrar ahora al fondo de la cuestión porque algo dije ya en su día. Hoy quiero animar a quienes visitan este blog a que se impliquen a fondo en la cuestión. Porque nos jugamos mucho.

Estamos hablando de qué sociedad queremos para nosotros y para nuestros hijos; qué humanidad estamos construyendo; qué relaciones personales queremos para nuestra familia y quienes nos rodean.

Y la solución no está en el Prozac. Ni la felicidad es un estado de ánimo, ni una pastilla nos dará un vida digna o nos hará mejores ciudadanos. Algunos tertulianos parece que no se enteran.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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