Lunes 11/12/2017. Actualizado 09:14h

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Rajoy le hace un favor a Cataluña: adiós incertidumbre

Cataluña volvía a tener, desde este martes, muy mal pronóstico. Según una mayoría abrumadora de analistas, la región se iba a desangrar de forma irremediable en las próximas semanas por la Declaración Unilateral de Independencia anunciada y suspendida.

A estas alturas del partido se podía optar por cualquier cosa menos por contemporizar. Una independencia en diferido era mortal de necesidad. O se apretaba el acelerador con coherencia (y a esperar la reacción del mundo y de Madrid) o se echaba el freno definitivamente al procés por considerar que no era factible.

No se hizo ninguna de las dos cosas. Puigdemont anunció un “sí pero todavía no”, que en el fondo sonaba a un “quizás pero ya veremos”, depende de lo que se nos ofrezca. Eso sí, el pistolón de la ruptura aparecía amenazante y bien visible sobre la mesa de negociación.

Esta fórmula, insisto, servía para contemporizar y ganar tiempo pero vertía litros de gasolina sobre el incendio de la inquietud, la incertidumbre y las dudas. Cataluña debía prepararse para lo peor: la huida en masa de empresas y activos en los próximos días.

La región corría el riesgo de descapitalización. Los mercados iban a penalizar este titubeo. Bajaría el rating y la calificación de la autonomía. Crecería el endeudamiento de los catalanes. Freixenet, Cordoriú y el Grupo Planeta pondrían pies en polvorosa pero habría que prepararse para una desbandada en masa.

A todas estas, Rajoy salió este miércoles y le hizo un favor a Cataluña. No se va a dejar morir al paciente, desangrado sobre la mesa de intervenciones quirúrgicas. No. Puigdemont tiene cinco días para dejar claro lo que desea. El mensaje genera cualquier cosa menos incertidumbre. El lunes tenemos fumata blanca o negra. Lo que quiera Puigdemont. Pero habrá fumata.

Por cierto. Que el culebrón del martes en el Parlament dejó otra imagen para la historia. Todo un gobierno autonómico de un país decente danzando al son de diez diputados de un partido antisistema, incendiario y radical. Es tremendo. Si Jordi Pujol levantara la cabeza de la siesta en la que parece sumido diría ¡basta! En otras circunstancias sería inaceptable, ridículo, bochornoso.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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