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Sacyr le saca los colores a la marca España

Comenzamos el año de miedo (nunca mejor dicho). Este miércoles se ha sabido que uno de los proyectos más emblemáticos del sector español de la construcción e infraestructuras en el extranjero, la ampliación del Canal de Panamá, está herido de muerte.

El consorcio responsable del proyecto, que está liderado por Sacyr, acaba de admitir que no le salen las cuentas: se dispone a paralizar las obras por la imposibilidad de llevarlas a cabo con los costes pactados inicialmente en el contrato. En concreto, exigen a las autoridades panameñas “1.600 millones de dólares (1.160 millones de euros)” adicionales para no parar los trabajos.

Es una vergüenza, un estropicio, un daño grave para la marca España, que a un puñado de analistas no le ha extrañado lo más mínimo.

Ya en el año 2009, cuando Sacyr se llevó este concurso, hubo quien barruntó lo que iba a suceder. ECD lo contó, lo mejor que pudo, en un artículo que decía sintéticamente lo siguiente:

-- La oferta de Sacyr y sus socios (la italiana Impreglio, la belga Jan de Nul y la panameña Constructora Urbana S.A., CUSA) fue calificada en su día por la competencia de baja temeraria. Es decir, era fácil prever que no iban a cumplir; que se trataba de obtener el concurso y después –con todo avanzado- negociar revisiones presupuestarias.

-- Sacyr se hizo con la obra de ingeniería civil más jugosa de los últimos años por 3.118 millones de dólares, 363 millones por debajo de la partida asignada por la propia Administración del Canal de Panamá (ACP), y muy por debajo de los 4.185 millones (1.067 menos) ofertados por el consorcio dirigido por la estadounidense Bechtel, y los 5.981 (2.863 menos) del Grupo Canal comandado por ACS y en el que se encontraban representadas Acciona y FCC.

-- La intención de Sacyr fue utilizar el Canal de Panamá como punta de lanza y carta de presentación para “meter la cabeza en otros proyectos de gran envergadura, tanto en Panamá como en otros países cercanos, como Colombia”.

Son noticias como estas las que provocan que, desde fuera, España siga pareciendo una república bananera. Acuerdos que no se cumplen (inversión extranjera en renovables), subastas que se intervienen (precio de la luz), empresas que defraudan las expectativas…

Seremos capaces de echarle la culpa a Merkel, Obama o la troika. Pero realmente, deberíamos hacérnoslo mirar.

Más en twitter: @javierfumero


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Javier Fumero

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