Sábado 21/10/2017. Actualizado 14:32h

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No aprendemos, ni de Lehman Brothers ni de Volkswagen

Algunos comentaristas recuerdan estos días el octavo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers. Aseguran que el sector bancario todavía no se ha recuperado de los efectos del colapso financiero y que apenas hemos aprendido. Puede ser cierto pero nosotros tenemos parte de culpa. Me explico.

El año pasado, también por estas fechas, se destapó otro escándalo industrial y financiero de enormes proporciones: la mítica marca de coches Volskwagen llevaba años manipulando las emisiones de gases contaminantes de sus vehículos diesel en Estados Unidos gracias a un complejo sistema informático instalado en la centralita de los coches.

No fue un error. No fue un fallo. Fue un acto ejecutado con total conocimiento de la dirección y diseñado para que nunca fuera descubierto. Hubo nocturnidad y alevosía.

Han pasado doce meses y aquí estamos: no ha sucedido nada relevante. Un año después, el asunto parece amortizado y seguimos sin respuesta para las grandes preguntas: ¿Qué falló en la compañía? ¿Por qué se llegó a esta situación? ¿Quiénes tomaron estas decisiones? ¿Qué tipo de personas? ¿Con qué formación? ¿Qué código ético y moral los guiaba? ¿Qué remedios se han puesto? ¿Qué medidas se han tomado para sanar estos males?

El caso fue tan grave que, en su momento, hubo quien advirtió de las miserias que dejaba al descubierto este fraude:

-- Quedó demostrado que las normas por si solas no funcionan. Si las personas no son éticamente responsables, buscarán un atajo. Los reguladores no están a la altura, ni mucho menos. Actúan a toro pasado o se convierten en meros espectadores. Sancionan leyes, se suben al coche oficial y poco más.

-- Para las empresas lo único relevante es el accionista. Sólo importa el valor, la cotización, los beneficios y los ejecutivos están dispuestos a prostituirse por conseguir los objetivos. Su salario depende de ello. Poco importa si los productos son buenos o si los clientes están satisfechos.

-- Aquí se traspasó una frontera. No asistimos a otro caso de fraude contable que pudiera inducir a la ruina a unos cuantos inversores. El caso Volkswagen afectó a la salud de millones de personas. Eso no fue obstáculo para que importantes directivos tomaran decisiones gravemente dañinas para la sociedad.

-- En esta ocasión no salieron perjudicados únicamente los particulares. Se trató de un fraude a gobiernos enteros. En Europa se incentivó el uso del diésel como “eco friendly” con generosas subvenciones basadas en datos que, al menos en el caso de Volkswagen, se han demostrado falsos.

Me dejo muchas derivadas sin mencionar. Pero lo dicho sirve para poner en evidencia que nadie parece muy interesado en tomar medidas pese la gravedad del asunto. Algunos han pagado por ello, se ha entonado públicamente un ligero ‘mea culpa’ y a otra cosa, mariposa.

Creo que esta manera de actuar sólo ayuda a los tramposos, fraudulentos, despiadados, bribones, pícaros y cortoplacistas.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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