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La bajona de Pablo Iglesias

Esto no es tan fácil. Es lo que acaba de constatar Pablo Iglesias tras un año intentando gestionar el éxito de las elecciones Europeas. El líder de Podemos está sobrepasado por todo lo que ha sucedido en estos doce meses.

No habrá sido porque no se lo hubieran advertido. Hubo quienes desde el principio le dejaron muy claro que no iba a ser una tarea sencilla. Una cosa es alumbrar teóricamente un proyecto político, bosquejar una líneas maestras desde una Facultad, y otra bien distinta armar una organización fuerte, extensa y cohesionada.

El primer problema que se ha encontrado Pablo Iglesias es que la luz potente que han arrojado los focos de la notoriedad sobre su plataforma ha dejado en evidencia a varios de los suyos. El contencioso de Iñigo Errejón en Andalucía fue una broma comparado con el agujero fiscal de Juan Carlos Monedero y sus cobros venezolanos. Para alguien que llega anunciando una nueva forma de hacer política es una vía de agua de muy difícil digestión.

Después está la división interna. Esto resulta especialmente grave para Podemos La dirección del partido es consciente de que esto no es Latinoamérica. Si Pablo Iglesias quiere tocar poder necesita moderar las soflamas más populistas, las consignas más utópicas. En caso contrario, se acabará convirtiendo en un partido residual y anecdótico. Cosechará un puñado de votos aprovechando el empuje inicial pero en unos años terminará replicando el modelo de Izquierda Unida: relegado a la inoperancia total.

Pero esta estrategia no la comparten los más radicales de su organización. Renta básica para todos, innegociable. Eliminación de la Semana Santa y todos sus símbolos religiosos, innegociable. Legalización de las drogas, innegociable. Impuestos brutales a los ricos e impago de la deuda, innegociable. Control de la prensa, expropiación de pisos para los más pobres, instauración de la república… propuestas que no se pueden cuestionar. Ni para maquillar al niño antes de sacarlo a pasear.

Por esta vía Pablo Iglesias ha perdido el control de la formación. Algunos lo han calificado de entreguista y han decidido ir por libre.

Por cosas como estas, los que le conocen cuentan que el líder de Podemos está desanimado, de bajona. Y lo cierto es que la cosa no tiene muy buena pinta.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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