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Y lo bonito que es no padecer mayorías absolutas

Lo digo porque estos días escucho a muchos analistas lamentar el galimatías al que debemos enfrentarnos de nuevo para la formación de gobierno. Es cierto. Las cosas son ahora más complicadas. Exigen más diálogo, más capacidad de negociar, más cesiones, más magnanimidad.

Pero los problemas surgen cuando las personas no están a la altura de las nuevas circunstancias. Como el pasado reciente ha demostrado.

Sin embargo, yo estoy encantado. El panorama actual tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Las recuerdo:

-- Se acabó el rodillo, al menos por una larga temporada. En cualquier sentido. Y todo lo que eso supone. Por ejemplo, la pérdida de la noción de la realidad por el llamado ‘síndrome de La Moncloa’. Uno acaba viviendo de espaldas a lo que reclaman los ciudadanos enrocado en su torre de marfil sin necesidad de dar cuentas. De eso nada. Todo poder necesita su equilibrio, su piedra de toque. Impide la autocomplacencia y el desprecio final al ciudadano. Es sano y venturoso.

-- No hay que olvidar algo importante. Las mayorías absolutas han dejado un reguero imborrable de corrupción y displicencia. Es el caldo de cultivo ideal para el abuso y el atropello. El ‘absolutismo democrático’ es perverso: al menos aquí en España ha acabado generando impunidad e imposiciones. Sucedió con el PSOE de Felipe González, con el PP de Aznar y de Rajoy, con el PSOE de Andalucía, con la Convergencia de los Pujol, con el PP de Valencia y Madrid… Es muy conveniente que algo así no vuelva a repetirse.

-- La actual situación es más acorde a los nuevos tiempos, a lo que nos está sucediendo como colectividad. La sociedad española ha cambiado. Nos hemos vuelto más reivindicativos. Exigimos más y toleramos menos los excesos. Por otro lado, se desdibujan las fronteras. Esto ha dejado de ser cosa de dos grandes partidos, de corte tradicional. De blancos o negros. Los bloques monolíticos ya no representan a todos los ciudadanos. La llegada al parlamento de nuevas formaciones es fiel reflejo de lo que nos pasa como españoles. Y eso es bueno.

-- Se acerca el momento de abordar cuestiones desde la transversalidad. Todavía es prematuro. Probablemente, nos falta un hervor. Pero vamos camino de poder dejar para siempre fuera del debate ideológico algunos temas de gran trascendencia. Hablo de cuestiones como la Educación, el Empleo, la Sanidad o la atención a los más desfavorecidos, por ejemplo.

Es cierto que el nuevo panorama genera dudas y puede tener algún coste. Las segundas elecciones han sido un ejemplo: estamos aprendiendo.

Además, la incertidumbre tiene un precio. La alternancia también permitirá gobiernos de los que no piensan como uno, de etapas que estarán marcadas por la inestabilidad, de minutos de gloria protagonizados por esos expertos en juegos malabares tan aficionados a la demagogia.

Pero insisto. Mi conclusión es que hay más ventajas que inconvenientes.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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