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Los amantes del lujo en el PP

El otro día nos contaron desde Valencia lo llamativo que resulta ahora constatar cómo en esa ciudad han desaparecido de las inmediaciones de la tienda de Loewe los coches oficiales de concejales del Partido Popular.

No se les veía allí todos los días, faltaría más, pero sí era una “imagen habitual” asistir a un trasiego frecuente de políticos populares por los alrededores del establecimiento de complementos de lujo.

En el local de esa firma lo que hay es bien conocido: corbatas a 130 euros, bolsos de hasta 2.000 euros, cinturones por 400 euros, pendientes de 250 euros, pantalones vaqueros a 700 euros, gemelos por 150 euros o una billetera por 400.

Algo tiene esta marca que atrae de esta manera irresistible a nuestra clase política. La secretaria del gerente de la empresa de depuración de aguas Emarsa declaró hace tiempo ante un juez que, al menos en dos ocasiones, llevó al ayuntamiento un bolso como regalo para la alcaldesa Rita Barberá.

Pues bien. Desde que los populares perdieron el gobierno municipal tras las elecciones de mayo, estas visitas se han terminado. El hecho no ha pasado inadvertido entre los vecinos de la zona en la que se encuentra la tienda.

Es curioso. Recuerdo que hace tres años, en marzo de 2013, el presidente chino Xi Jinping lanzó una campaña anti-corrupción dentro de su partido y dejó claro que hacer ostentación de productos de lujo sería castigado. Acababa de asumir el mandato presidencial y declaraba tolerancia cero a los excesos.

El diario francés Le Monde publicó un año después que el mercado de relojes de lujo había caído un 11% y las ventas de coñac de grandes marcas, un 12%. Las ventas de Louis Vuitton, de Kering con su marca Gucci, también se vieron afectadas: en el primer semestre de 2014, el resultado operativo de LVMH, número uno del sector, cayó un 5%. Kering registró un retroceso del 3,9%.

Fue como si se hubiera cumplido al dedillo la tesis que defendía con vehemencia aquel médico holandés llamado Bernard Mandeville, cuando publicó el libro ‘La fábula de las abejas’. La obra llevaba la siguiente leyenda: “Los vicios privados hacen la prosperidad pública”.

Se dice que el texto de Mandeville dejó una impronta indeleble en las doctrinas económicas que surgieron en los siglos posteriores. Él fue el primero en realizar esa singular defensa del lujo, la envidia, el orgullo y el egoísmo que tanto éxito ha tenido después:

-- Los asuntos comerciales prosperan cuando menos regulados están por el Gobierno. Las cosas tienden a encontrar por sí mismas el equilibrio que mejor les conviene. El egoísmo de cada individuo encaja en la sociedad de manera recíproca al de otras personas, en modo tal que ese ajuste natural redunda en beneficio de la comunidad. Sin embargo, una intervención del Estado trastoca la delicada armonía de los mercados hasta entorpecer su progreso.

¿Les suena?

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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