Sábado 25/11/2017. Actualizado 01:23h

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Lo que no se está contando del drama de los desahucios

Le voy a hacer caso a uno de los comentaristas habituales de este blog porque no le falta razón. Aunque es cuestión peliaguda. En la polémica sobre los desahucios (dramático y conmovedor asunto según se adentra uno en cada caso), también habría que recordar que todo es fruto de un gran error de cálculo.

Digo esto a cuenta de un estupendo vídeo que circula por internet en la que dos abuelos de un pueblo de Soria, sin estudios ni cultura como ellos mismos confiesan, explican con palabras llanas y enorme sentido común, las causas de esta crisis económica que estamos padeciendo.

El análisis se entiende perfectamente:

-- “No hace falta saber de economía para hacer las cosas bien. Es muy fácil: el hombre que gane cinco duros que gaste uno. Ya está la economía. El que gana cinco y gasta seis ya se jodió la economía. Ganar cinco y gastar uno: esa es la economía verdadera”.

Insisto. A uno se le abren las carnes cuando se describen las dramáticas circunstancias que acompañan a esas familias que se están viendo obligadas a abandonar su casa por una orden de desahucio. Triste, doloroso y tremendo. Y una tragedia que hay que intentar paliar como sea.

Pero animo al respetable a echar una mirada atrás, a bucear en las causas de todo esto. Y ahí, bien al fondo de todo, encontramos una forma de vida que se instauró hace algunos años en este país y que se ha demostrado mortal de necesidad: el arte de vivir endeudados.

Los ancianos, aquellos que vivieron en la miseria, que sufrieron las penurias de la posguerra, no entienden nada. ¿Cómo es posible tanto inconformismo y tanto derroche? ¿Qué afán arrebatador es ese que nos ha llevado a vivir por encima de nuestras posibilidades? ¿Por qué no diseñar la propia vida conforme a los ingresos que uno tiene, sin estirar el brazo más que la manga?

Esto no se aplica a todos los casos, es cierto. Por ejemplo, comprar una casa en España, si uno quería formar una familia, pasaba ineludiblemente por adquirir un compromiso de por vida con una entidad financiera (a excepción hecha de unos pocos pudientes). Pero, ¿no se llegó a eso cuando invertir en una segunda o tercera vivienda empezó a convertirse en un negocio?

Creo que es honrado reconocer ahora que también estamos como estamos porque olvidamos la economía verdadera, aquella que empleaban nuestros abuelos y recomendaba gastar un duro si ganabas cinco.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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