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La culpa no es sólo de unos profesores analfabetos

El gobierno de la Comunidad de Madrid hizo público este jueves el resultado de las pruebas de conocimiento a la que han sido sometidos los aspirantes a una plaza de profesor en la región. El 86% de los aspirantes ha suspendido.

No era un examen especialmente difícil. De hecho, el test incluía únicamente preguntas que debía conocer un alumno de 12 años. Ni por esas.

Se han sucedido, como era de esperar, las críticas al profesorado, los comentarios sobre el escaso nivel de nuestros docentes. Sin embargo, debo decir lo siguiente. Quizás los profesionales de la educación no están a la altura de las circunstancias en España. Vale. Pero no es principalmente eso.

Yo creo que es algo más complicado.

Habría que hablar, por ejemplo, de los medios de que disponen los docentes. Y sobre todo, del estado de las familias: allí donde empieza todo.

Aún recuerdo con impresión aquel día que me crucé con un amigo, joven profesor en un instituto de un barrio de Madrid. Se le notaba agotado.

De hecho, cuando le pregunté cómo le iban las cosas fue como abrir una compuerta. Me tuvo enganchado media hora. Se desahogó hasta quedarse a gusto.

Me hizo un relato espeluznante sobre su experiencia reciente en las aulas: las ganas con las que llegó, el plantel de alumnos que había ido encontrando, la degeneración en el fondo y en las formas, la casi total ausencia de ideales, los dramas familiares que se barruntan detrás, lo difícil que resulta tocar esa tecla que despierte el afán de superación…

Pero sobre todo, la soledad. Me llamó mucho la atención su mención a esa sensación que le había sobrevenido este curso de estar absolutamente solo en la cruzada por intentar cambiar el curso de esas vidas menudas. Y la agresividad de aquellas criaturas.

--Que te den, culo plano.

Esta lindeza se la soltó una alumna cuando hablaba con ella para intentar reanimarla, haciéndole ver que su vida era una pose, un cliché copiado de las series de televisión de moda, donde los malotes y descerebrados se llevan de calle al bombón y aprueban el cole copiando con pinganillo…

No quería saber nada de salir de lo políticamente correcto, de huir de la mediocridad, de abandonar a quién le estaba destrozando la vida…

--Que te den, culo plano.

Lo admito: no supe qué decirle.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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