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Un debate mediático liviano

Gilles Lipovetsky es un filósofo francés que imparte clases en la Universidad de Grenoble. Lleva años escribiendo sobre cambios sociales, sobre lo que nos pasa como colectividad. No comparto todo lo que dice pero en su último ensayo menciona algo interesante: habla de la civilización de lo ligero.

Lipovetsky se refiere a un modo de proceder, a una forma de cultura, de entender la vida y a un fenómeno también económico. Este planteamiento se desparrama en numerosas manifestaciones y derivadas: la superficialidad, la miniaturización, la provisionalidad, la liberación de todas las ataduras, la evanescencia, la frivolidad, la virtualidad…

Basta ver cómo vivimos, actuamos, nos relacionamos, trabajamos…  Basta ver las prioridades que nos marcamos para observar que es cierto. Cada vez damos más primacía a lo liviano.

Con todas las salvedades que hay que hacer cuando se realizan generalizaciones, desde esta óptica se pueden señalar algunas realidades que encajan en esta visión. A mi se me ocurren tres:

1. Cada vez nos preocupa más el bienestar material. Eso centra nuestras prioridades. Asistimos a la industrialización de la ligereza, a la búsqueda incesante de emociones, imágenes y objetos. Objetivo principal: lograr un nivel de ingresos que nos permita flotar, adquirir un estado de confort estándar. Por eso se priman los estudios prácticos: ADE, derecho y empresa, informática, idiomas. Lo importante son las salidas profesionales. El dinero quizás no da la felicidad pero la facilita y mucho. Y a conseguirlo nos empeñamos con pasión. Como si no hubiera un mañana (que lo hay).

2. Rechazo al compromiso. Esta sociedad nuestra está perdiendo la capacidad de tomar determinaciones radicales, de quemar las naves y apostarlo todo a un color. Queremos la máxima autonomía, sin anclajes, sin servidumbres, sin ataduras. Eso nos convierte, efectivamente, en seres livianos. Comportarse así tiene sus ventajas pero es difícil que un árbol logre robustez y consistencia si no dispone de raíces profundas. Por eso hoy proliferan los individuos bonsáis: personas que eran potencialmente grandes hombres pero acaban capitidisminuidos.

3. Hay una gran levedad en las relaciones personales. El amor es una enfermedad de la atención pero no hay tiempo (ni silencio) suficiente para atender al vecino. Las redes sociales permiten llenar ese vacío con una relaciones más etéreas, vaporosas. Uno se rodea de amigos virtuales que nos dan la impresión de acompañamiento. Pero como hemos tomado distancia uno sigue solo. En los grandes momentos ningún follower estará ahí para consolarnos.

Sin embargo, yo quería hablar hoy de los analistas mediáticos. Han salido estos días grandes temas a la palestra. Asuntos de fondo, que nos interpelan sobre nuestro modo de entender el hombre, la vida, la muerte…

Sin embargo, los debates políticos, profesionales, éticos o deontológicos suelen ser muy superficiales. Apenas se profundiza. Se picotea de aquí y allá y eso es suficiente. Hecho de menos razonamientos serios, motivados, hondos.

Hace unos días se supo que una web iba a obligar a leer sus noticias hasta el final antes de permitir que el lector introduzca un comentario. Tiene sentido: ahora leemos en diagonal, sentenciamos con tanta ligereza como apasionamiento y colgamos un tuit. Excesivamente superficial, ¿no creen?

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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