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No me gusta esta deriva de escupir al Estado de Derecho

Yo entiendo que el gesto queda muy guay. Quizás por eso se ha puesto de moda. Pero las llamadas a la insumisión, a la desobediencia civil, son como jugar con fuego: una deriva muy peligrosa. Si encima la protagonizan dirigentes políticos, la cosa es aún más grave.

Seis de los diez concejales del Gobierno de Badalona desoyeron este miércoles al juez que prohibió que se trabajase en el Ayuntamiento durante la Fiesta Nacional. Dirigentes de la CUP y ERC impulsaron la rebelión y un teniente de alcalde llegó a romper ante las cámaras de televisión la resolución judicial que impedía la apertura de las dependencias.

El Constitucional y el Supremo han dejado claro que la designación de las fiestas nacionales es competencia estatal, de obligado cumplimiento. Los políticos locales cometieron por tanto un delito de desobediencia a la autoridad judicial. El Código Penal establece pena de prisión de entre tres meses a un año o multa de seis a 18 meses.

Si alguien no está conforme es legítimo protestar y promover iniciativas para un cambio de la ley. Pero si no se tiene mayoría para lograrlo, uno se tiene que aguantar. Es la democracia. Pasar a las barricadas, echarse al monte o actuar como un antisistema es peligrosísimo.

El Estado de Derecho es precisamente aquello que nos protege. También preserva, por cierto, la integridad y los derechos del discrepante, del diferente, de quien no está de acuerdo. Si alguien decide mañana quemarle la casa a uno de los concejales de Badalona por antipatriota, la ley caerá sobre él. Si alguien menta a la madre de Anna Gabriel para darle una lección de genealogía podrá presentar una demanda y ganarla. Y a todos nos parece bien que sea así.

Eso sí. Nada de esto será posible si terminamos cargándonos el sistema. Vamos camino de ello porque no es la primera vez que asistimos a algo parecido. Me viene ahora a la cabeza aquella iniciativa de Manuela Carmena instando a no denunciar a los okupas si uno los descubre en su edificio.

¿Se acuerdan? Hace unos meses, Ahora Madrid difundió panfletos por un barrio de Madrid con sugerencias para aplicar si uno se encontraba con un okupa en su barriada. A saber: no llamar a la policía, tranquilizar a quienes quisieran hacerlo y permitir que el intruso o intrusos ocuparan una vivienda vacía.

¡Viva el vino!

Fue otra llamada a la insumisión, a la comisión de un delito, al encubrimiento… por solidaridad. Y promovida por una plataforma cuyos líderes se han convertido en representantes públicos de ese orden que graciosamente invitan a subvertir.

No me gusta esta deriva. Ni un pelo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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