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El indulto de Iceta como emoticono electoral

Es curioso lo que ha pasado con Miquel Iceta y su propuesta de indulto para los imputados por la campaña independentista en Cataluña. Curioso… y un pelín obsceno. Pero vamos, en línea con este nuevo modo de plantear la política que se está imponiendo, año tras año.

El líder del PSC lanzó el órdago sin ruborizarse. Todos fuera de la cárcel, sin cargos, por solidaridad. Porque hay que ceder y buscar puntos de unión. Admitió después abiertamente que si él estuviera en Madrid no podría asumir algo así. Le parecería una locura. ¿?

Mientras tanto, Margarita Robles en nombre del PSOE fetén intentaba balbucear una explicación y deslizaba aquello de “ya saben: estamos de campaña electoral”. ¿Y eso qué significa exactamente? Ahora el propio Iceta asegura, una vez lanzado el mensaje, que sí pero no; que sigue pensando en eso pero que es precipitado. Primero habrá que juzgarlos, ¿no?

El mensaje que ha lanzado el líder del PSC con esta maniobra es que con tal de subir en las encuestas se puede frivolizar. Es legítimo pasarse de frenada. Hay que entenderlo. Lo de minar –aún más- la credibilidad de la clase política nacional, ya lo dejamos para otro día. Si eso.

Aquí esta es la cruda realidad, sin maquillaje. Iceta ha dejado claro que lo del indulto es una exageración, un guiño electoralista, escandaloso y perverso. Pero se trata de captar votos de los independentistas moderados y por ese fin todo está permitido. También las ocurrencias.

Va a ser verdad esa idea que empieza a cobrar fuerza sobre el creciente valor de las emociones en la vida política. Ahora, la verdad, el criterio racional, no es el paradigma, ni la referencia, ni el criterio a seguir.

Esto se ve muy claro en casos como el que nos ocupa. No hay ningún interés por elaborar y exponer un discurso racional coherente, ambicioso y atractivo sino por transmitir sensaciones, por conectar con los ciudadanos generando pasiones. Las certezas no son relevantes sino la empatía, el vínculo que uno logra con el pueblo.

Este camino lleva a la política del emoticono, a la sublimación del gesto y de la pose. Una estrategia cortoplacista, que amenaza con derruir el propio sistema. Ellos verán.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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