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Por qué los jueces tienen tanta prisa en dejar libre a presos de ETA

Media España está con el corazón en un puño. Los etarras más sanguinarios, los delincuentes más perversos, algunos de los reos de peor calaña han obtenido la libertad estos días con una velocidad inusitada.

La Audiencia Nacional acordó este martes excarcelar a otros catorce etarras en cumplimiento de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo que anuló la retroactividad de la doctrina Parot. Son ya 55 los terroristas fuera de prisión, 50 de ellos etarras.

La cifra tiene su miga. Pero también, como digo, el modo en el que se ha procedido. Tengo un conocido que ocupa un destacado puesto en el mundo de la judicatura. Es muy discreto y apenas comenta nada. Es de los que les gusta más escuchar y de hablar, poco.

Pero el otro día ya no pude más y le llamé para preguntarle por esta cuestión. No quiero una noticia, le dije, sino una explicación para entenderlo yo. ¿Por qué demuestran los jueces tanta prisa ahora en soltar a los presos de ETA? Su explicación fue la siguiente.

La mayoría de los jueces españoles que están tomando estas decisiones no entran en el fondo del asunto (si el Tribunal hizo bien en derogar la doctrina Parot o no). Los jueces han tomado nota de la sentencia dictada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y se dan prisa porque está en juego un derecho sacrosanto: la libertad de las personas.

En estos momentos –añadió-, basándonos en el derecho, esas personas están siendo tratadas injustamente. Y gravemente lesionadas en algo esencial como es su legítima independencia y autonomía. Por eso, toda prisa es poca.

Efectivamente, hay un delito llamado detención ilegal, que se puede cometer también por la autoridad judicial cuando alarga la privación de libertad más de lo necesario. Hay un caso reciente: la Operación Emperador que llevó a la cárcel al empresario chino Gao Ping. Estuvo en el calabozo más tiempo de lo normal porque, según se dijo, podía “atemorizar a los testigos”.

El caso terminó archivado y el abogado de Gao Ping se querelló contra el Juez Andreu por alargar indebidamente el tiempo de detención.

Hasta aquí, la explicación de mi amigo. No había oído hasta ahora este argumento y tiene cierta entidad si uno se abstrae del fondo del asunto.

Sin embargo, creo que la explicación chirría cuando se está hablando no de simples sospechosos, ni de conjeturas. Se trata de reos condenados por graves crímenes, por asesinatos acreditados en sede judicial. Por eso extrañan tanto estas prisas.

Hay un argumento que utilizan con frecuencia los magistrados precisamente para lo contrario, para incrementar las penas, que se conoce con el nombre de “alarma social”. En virtud de ese etéreo y voluble término, se castiga con más dureza a algunos delincuentes. Porque se entiende que el contexto exige, excepcionalmente y por el bien de la sociedad, una interpretación de la ley menos favorable para el acusado.

Y uno se pregunta: en este caso, ¿no se debía actuar con más prudencia y menos prisas, en virtud de la alarma social y el riesgo que existe de sembrar el pánico entre la población?

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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